Friday, August 22, 2008

Mezclar política y deporte

La principal defensa tanto del Comité Olímpico Internacional como de algunos críticos de este blog (personajes algo menos importantes que el COI, pero de mucha mayor presencia en esta página) para ahogar las críticas a la celebración de los Juegos Olímpicos en una dictadura totalitaria como es la china, es la de no mezclar política y deporte. Una crítica que tiene algo de sentido, y que por eso mismo merece la pena abordar con un poco más de detalle.

No es infrecuente que las dictaduras, especialmente las totalitarias, empleen el deporte con fines políticos. Al fin y al cabo, resulta una forma relativamente barata de demostrar su superioridad sobre las naciones decadentes y capitalistas, y nadie puede protestar, porque nadie puede protestar, de que se estén dilapidando recursos con este fin que serían más necesarios para, no sé, evitar que la gente se muera de hambre. De ahí que resulte natural intentar separar deporte de política, y la obsesión de unirlos huela mal.

Desgraciadamente, en este caso no resulta aplicable esta regla, por lo general bien sana. No porque los atletas compitan por sus países, sino por aquello que se ha dado en llamar el "espíritu olímpico", que ha asociado los Juegos con una cierta idea de hermandad y amistad universales entre los pueblos. La idea de que las naciones competirían entre sí en pruebas deportivas y no mediante las armas, pese a resultar una tontería para cualquiera que sepa por qué hay guerras en el mundo, ha quedado grabada en la mente de quienes contemplan los Juegos, siendo además promovida por el COI. Y esa es una idea esencialmente política.

A nadie le importaría un carajo que se celebrara un Mundial de Fútbol en China, porque esa competición no tiene asociada ninguna carga extradeportiva. Pero los Juegos sí. Intentar ahogar las críticas a la celebración de los Juegos en Pekín aduciendo que no se debe mezclar política y deporte carece de sentido cuando desde su misma génesis los Juegos Olímpicos tienen un elevado trasfondo político, de lo más buenista, que se contradice con la cruda realidad de la falta de libertades existente a las puertas de la Villa Olímpica.

POR DANIEL RODRÍGUEZ HERRERA

El telón de seda

Los Juegos Olímpicos de Pekín son la única obra que se inaugura echando el telón. La verdadera función consiste en un acto de propaganda pura y dura, a la que se ha prestado el mundo del deporte. Sí, en China se violan los Derechos Humanos, pero el deporte, se nos dice, debería estar por encima de estas cuestiones y "servir como vía de entendimiento entre los pueblos", que parece que los males de la inanidad y la cursilería siempre tengan que ir juntos.

El espectáculo de la inauguración de los Juegos, tan grandioso como tramposo, precedió al discurso de Jacques Rogge, el presidente del Comité Olímpico Internacional, durante el cual llamó a todo el mundo a "respetar" las diferencias políticas. Con ello no se refería al respeto por las opiniones que en conciencia puedan tener los ciudadanos, sino al respeto a los sistemas que, como el Chino, hacen de la represión de las conciencias su pan diario.

China se vale del olimpismo para transmitir la impresión de que es una gran potencia y de que en el país de dimensiones continentales reina la paz y la armonía. Respaldado por los innegables éxitos económicos asociados a su apertura al exterior y a las reformas, el régimen se presenta al mundo como una alternativa válida. No es la China del Gran Salto Adelante, ni la de la Revolución Cultural ni la Rusia de los Soviets, pero tampoco es un país liberal con respeto a los derechos del individuo.

"Otro mundo es posible y aquí estamos para demostrarlo", parecen querer decir.

De hecho, parece que sea la propia China la única que tenga una idea clara sobre de qué va esto de los Juegos de Pekín. No tienen reparo alguno en valerse de su calidad de anfitriones para salarse las normas o violarlas a gusto con tal de llevar a sus atletas lo más alto posible en el medallero; cualquiera que esté siguiendo mínimamente estos Juegos se dará cuenta de ello. Especialmente sangrante fue la competición de gimnasia femenina, ya que se saltaron claramente el límite de edad mínima para competir.

Si los propios chinos tienen tan claro qué es el olimpismo para ellos, ¿a qué viene la actitud de los países occidentales de mirar para otro lado y seguir el guión escrito por el régimen asiático y el COI de que esto no es más que una competición deportiva? ¿Por qué no se le ha hecho la vida imposible al Gobierno chino estas semanas, al igual que éste, contra todas las promesas vertidas falazmente por los medios occidentales, sigue haciéndole la vida imposible a los disidentes? Ya que China utiliza el escaparate olímpico, ¿por qué no también el resto de países y cada atleta individualmente para denunciar la olímpica opresión?

No hay que ser un experto en política internacional para saber cómo se las gastan en China. La revista Foreign Affairs ha sintetizado las diez peores leyes del régimen que, explicadas sucintamente, son a su juicio estas:

1) Artículo 105 del Código Penal, que criminaliza "la organización, las intrigas o los actos para subvertir el poder político" y "la incitación a la subversión del poder político del Estado y la eliminación del sistema socialista por medio de la propagación de rumores, la difamación u otros medios".

2) El Hukou, o servidumbre domiciliaria. Los avances sociales del socialismo llegan hasta el siglo V antes de Cristo, cuando se comenzó a implantar este sistema, por el cual el Estado clasifica a los ciudadanos en función de su lugar de residencia o su status socioeconómico, lo que se hereda de padres a hijos. Este servilismo le permite controlar a la población rural y que no acuda en masa a las ciudades, entre otras ventajas.

3) Internet, para los capitalistas. Aquí, como debe quedar claro para el que lea el Código Penal recién citado, no hay sitio, ni siquiera virtual, para "dañar la dignidad y los intereses del Estado".

4) Partido único.

5) Nueva ley de derechos de propiedad. Es un paso adelante, este de verdad, como ya he escrito en algún sitio. Pero está básicamente vacío de contendio, porque no está respaldado por un sistema judicial independiente. Además (como la Constitución española), permite la expropiación a voluntad del Estado.

6) La religión registrada. Las organizaciones religiosas no podrán hacerle la competencia a la impuesta por el PPCh.

7) Sindicato único. La rama de control de los trabajadores al servicio del Estado.

8) Artículo 4 de la Ley de Seguridad del Estado, que es una puesta al día de la primera ley citada en este repaso. Todos los acusados por violar este artículo (el 99 por ciento) resultan condenados.

9) Ley de Protección del Consumidor. No es que crea yo que hace falta ninguna, pero Foreign Affairs señala su arbitrariedad, nada bueno ni para consumidores ni para empresas.

10) Ley de Respuesta a las Emergencias. La gestión pública tiende al desastre y cuando hay que actuar frente a una catástrofe, con lo que exige de coordinación y rapidez, esa gestión se suma a la catástrofe. Esta ley busca el control de la información para que el previsible desastre no devenga en críticas.

La selección bien podría haber sido más significativa. Y aún así, ninguna norma, por muy totalitaria (progresista, dirán algunos) que sea, puede captar la esencia del poder concentrado en un gobierno como el chino, porque cuando le convenga siempre puede ir un poco o un mucho más allá.

De todo esto se podría haber hablado estas semanas de bellas competiciones olímpicas. El teatro olímpico, que está al servicio de la propaganda del régimen, se podría haber tomado por quienes aún valoran los derechos de las personas, su libertad. Pero parece que todos han saltado olímpicamente.

POR JOSÉ CARLOS RODRIGUEZ

Thursday, August 21, 2008

El que no respeta a los vivos tampoco respeta a los muertos

153 personas se dejaron ayer la vida en el trágico accidente de Barajas, los atletas españoles que están disputando en Pekín las competiciones olímpicas estarán, supongo, tan conmocionados como estamos todos los demás. Ellos, los atletas, tienen que sobreponerse a las circunstancias terribles y a su propio dolor y, también en esto como a nosotros, no les queda otro remedio que trabajar, que en su caso es competir.

La diferencia es que a la mayoría de nosotros nuestro trabajo no nos expone a la luz pública, como a ellos, ni nos da la oportunidad de rendir un sencillo homenaje que ellos, como personas con una especial proyección estos días, sí tenían la posibilidad de rendir de cara a todo el mundo. Pero el COI y los organizadores de estas Olimpiadas de la Vergüenza no se lo han permitido: ni ha sido posible que nuestra bandera ondease a media asta en la Villa Olímpica ni se está permitiendo a nuestros atletas competir con un brazalete negro.

Supongo que, como a mí, la decisión les habrá provocado a muchos de ustedes dos sentimientos sentidos con singular fuerza: sorpresa e indignación. El segundo es más que razonable (si es que todavía nos quedan reservas de indignación para los gerifaltes chinos y los del COI); el primero, muy comprensible en estas circunstancias, tiene menos razón de ser: el que no respeta a los vivos (y los esclaviza y los oprime y los encarcela y los masacra) difícilmente podrá respetar a los muertos.

Aquel que tiene a las personas como mero instrumento de su poder o de su negocio no podrá sentir por los muertos algo más de lo que siente por los vivos. No, no debería sorprendernos, pero eso sí: una vez más el COI y el PCCh nos dan la justa medida de lo que son: una gentuza despreciable y sin sentimientos.

Olímpico reconocimiento


Cuando empezaron a arreciar las críticas hacia los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, el Comité Olímpico Internacional se defendió argumentando que no se debía mezclar el deporte con la política. Nos dicen que no nos preocupemos de lo que ocurre en China y que disfrutemos relajadamente desde nuestros sofás del espectáculo deportivo y lúdico de las olimpiadas.

A través del cuento Yo, un lápiz; Leonard E. Read nos muestra como una multitud de personas colaboran para lograr fabricar un producto. Son millares de personas que ni se conocen ni nunca han tenido contacto entre sí pero juntos logran fabricar un lápiz a pesar de que ninguno de ellos lo podría hacer en solitario. Todos colaboran sin tener en cuenta su color de piel, sus ideas políticas, su aspecto físico o incluso sus modales. Es muy probable que si se conocieran no se hicieran amigos ni quisieran tomar unas cañas juntos.

Y el consumidor cierra la cadena adquiriendo el lápiz si le resulta útil para su tarea y si tiene un precio adecuado. Cuando lo compra desconoce la raza, la religión, el sexo, la belleza o las ideas políticas de las miles de personas que han participado. ¿Siempre? No. Hay determinadas ocasiones en las que la moral del consumidor rechaza lograr una ventaja propia si es a costa del sufrimiento de otras personas. La ética personal de muchos hace que rechacen productos a pesar de ser más ventajosos y baratos si eso supone contribuir a una situación injusta.

Una de esas ocasiones se produjo durante el régimen del aparheid sudáfricano cuando sus productos fueron boicoteados debido a la discriminación real existente. Para la opinión público supuso un fuerte impacto conocer las condicionales laborales de las empresas textiles que fabricaban para grandes marcas como Nike. Esto supuso que las compañías occidentales se implicaran en la mejora de la situación de sus subcontratadas por temor a un descenso de las ventas.

Hay ocasiones en que no podemos cerrar los ojos ante la mano invisible sino que debemos preguntarnos con que colaboramos cuando compramos productos. Las ventajas que esa invisibilidad produce incentivando la mejora y la meritocracia mientras condena la discriminación, se torna en perjuicios si olvidamos el respeto a los derechos humanos.

¿Cómo podemos boicotear los juegos olímpicos? ¿No viendo sus retransmisiones o no comprando sus productos? No. La dictadura china hubiera seguido vendiendo sus productos aunque no hubiese albergado los juegos olímpicos. La celebración de las olimpiadas ha permitido que el problema del Tibet, de la censura de internet, de la persecución religiosa, la pobreza de las zonas rurales y la falta de libertad haya acaparado mucho más espacio en los medios de comunicación. Incluso este blog de denuncia de la situación China podría no haber existido.

Lo que busca el régimen despótico es reconocimiento internacional, y eso es precisamente lo que no les debemos dar. Hay que mostrar a los chinos, incluidos los que viven en el exterior, que no deben sentirse orgullosos por la realización de unos juegos que han costado mucho más de lo presupuestado o por una niña con la cara más redonda que otra. Podrán sentirse orgullosos y tendrán nuestro reconocimiento cuando logren que su país viva en libertad respetando los derechos humanos.

Wednesday, August 20, 2008

Las Olimpiadas a 24 mentiras por segundo

En la Unión Soviética los invitados occidentales eran agasajados por todo lo alto. Por ejemplo, se les llevaba a visitar ejemplares koljoses (granjas colectivizadas) en los que triunfaba una estética de brillante realismo socialista. Todo falso. Pero los occidentales en su inmensa mayoría vieron lo que quisieron ver, y se fueron magníficamente (auto)engañados. Lo que el cronista de The New Republic denomina “Potemkin faÇade para el caso de la mascarada olímpica organizada por el Estado “comulista” chino – ese bastardo entre el comunismo totalitario y el mercantilismo depredador -.



La crítica de la revista norteamericana lleva el título “The forgotten”, “Los olvidados”. Lo que para un cinéfilo inmediatamente hace pensar en la extraordinaria película rodada por don Luis Buñuel en Méjico. Se empeñaba el director español en mostrar el lado más escondido de la realidad social aunque significase molestar a los poderosos y hacer manifestarse la fealdad. En 1932 rodó Las Hurdes, un documental creativo fascinante en el que retrataba y denunciaba las condiciones miserables en las que vivía el pueblo extremeño. Ese mismo año Leni Riefenstahl filmaba El monte de los muertos, en la que combinaba románticamente el alpinismo, el amor y el misticismo. Adolf Hitler cayó a sus pies. Riefenstahl jamás fimó nada que no fuera bello, potente, un obsceno pájaro de juventud y fuerza. Por ello sedujo a Hitler que, contra el criterio de Goebbles, la impuso como realizadora para el documental sobre el Congreso Nacional-Socialista de Nuremberg (El triunfo de la voluntad) y el dedicado a las Olimpiadas de Berlín de 1936. El interés del Führer era usar los Juegos Olímpicos como un escaparate de su régimen “democrático, civilizado y eficiente”. Sin duda, lo consiguió. Aunque casi hubo un boicot por parte de unos pocos países que, como los EE.UU., estaban alertados por los inicios de las políticas racistas, finalmente se prefirió la doctrina del apaciguamiento y la máxima de que los deportes no deben mezclarse con la política. En los años siguientes, salvo voces como las de Winston Churchill, la mayor parte de los políticos y ciudadanos occidentales estuvieron de acuerdo en dialogar y tender puentes con el hombre que había realizado tan brillante y exitosa puesta en escena.



Esta mano tendida por parte de los optimistas antropológicos, los utilitaristas simplicissimus y los admiradores íntimos del nazismo respecto a las Olimpiadas en Berlín se basaba en la idea de que sería un modo de domesticar al Führer alemán. ¿Acaso no estaba la Kultur germánica formada por Beethoven, Goethe o, ligero carraspeo, Wagner? ¿No es cierto que es mejor hacer caja que hacer la guerra? De un modo parecido hoy cunde el programa, entre la Escila de la ingenuidad y la Caribdis del cinismo, de que a la torpe bestia comulista sólo hay que darle un empujoncito de buena voluntad para que Confucio, Lao Tse y los inventores de la pólvora y la imprenta vuelvan a adueñarse culturalmente del país para llevarlo a la senda de la democracia y la economía de mercado.



Zhang Yimou comenzó haciendo de Luis Buñuel y ha terminado pareciéndose a Leni Riefenstahl. Lo que ha rechazado Steven Spielberg, en principio destinado a ser con Zhang Yimou coautor de la parafernalia inaugural, al retirarse polémicamente por razones político-morales. El director chino, que fue una de las víctimas de la Revolución Cultural de Mao, fue más tarde aupado por el aperturismo post-Mao, luego de nuevo silenciado por el buró de la censura china, hasta últimamente verse convertido en un director utilizado por el nuevo régimen chino.

La Revolución Cultural hizo tabla rasa con el cine como hizo con cualquier manifestación cultural. Los cineastas fueron censurados y las empresas cinematográficas, cerradas. Jiang Qing, la mujer de Mao y su Goebbels respecto a la propaganda del régimen, tenía el proyecto inquisitorial de destruir todo el cine anterior a la Revolución y “construir un espléndido y nuevo arte de la nueva era de la historia de la humanidad”. Concretamente sólo había un puñado de películas consideradas “maoístamente correctas”, lo que para un público formado por ochocientos millones de personas era un régimen cinematográfico parecido a obligar a Kung Fu Panda a seguir la dieta de los higos chumbos.

Mientras que los miembros de la generación posterior a la de Zhang Yimou han denunciado el nihilismo cínico de la actual situación china -ya fuera de los mecanismos totalitarios comunistas pero que no por ello ha emprendido ni mucho menos la senda del capitalismo liberal sino más bien de un mercantilismo autoritario-, Zhan Yimou abandonó el cine intimista y melodramático que le hizo famoso para pasar a las supeproducciones de espadachines saltimbanquis, conocidas como wuxia. Así, con Hero Yimou cambió radicalmente el trasfondo político de sus filmes. Si antes había sufrido persecución por parte de las autoridades comunistas, en adelante se convirtió, como apreció Johan Norberg, en el legitimador del colectivismo dictatorial y nacionalista de la Nueva China Postmaoísta, recreando y justificando la figura histórica, a la vez que mítica, del primer emperador de China.

Los partidarios de esconder la basura represora bajo la alfombra olímpica celebraron con entusiasmo la ceremonia de apertura, a medio camino entre el gigantismo disciplinado de las masas nazis representadas por Riefenstahl y el espectáculo pop-naif del Circo del Sol. Más tarde se sintieron un tanto defraudados cuando se supieron los trucos empleados por Zhang Yimou, en tanto que ponían metafóricamente de manifiesto la torticera puesta en escena que significaba la celebración de esta Olimpiada para el régimen dictatorial chino.

A diferencia de Spielberg otros cineastas no han tenido problemas para trabajar para el régimen dictatorial que patrocina los Juegos: el francés Patrice Leconte, el italiano Giuseppe Tornatore, el iraní Majid Majidi, el británico Daryl Goodrich y el hongkonés Andrew Lau Wai-keung. De ellos, sólo me consta que Goodrich ha mantenido explícitamente la posición de que es compatible el respeto a los derechos humanos con el hecho de hacer una película, como la que le encargaron, sobre el deporte, los niños y los Juegos Olímpicos. Esperamos, escépticamente, el resultado.

Tuesday, August 19, 2008

La Libertad avanza en China y por el aire vuelan las sardinas.

Hay quienes, oscilando entre el buenismo más bobo y el mas siniestro "no hay enemigo a la izquierda" sostienen que la celebración de las Olimpiadas supondrá un impulso para la democratización y la causa de la Libertad en China. Evidencia de este sincero "descongelamiento" chino era el que las autoridades chinas hubieran anunciado que se permitiría al pueblo chino manifestarse pacificamente en determinadas áreas previa solicitud de permiso.


Iniciativa que fue generosamente alabada por el Comité Olímpico Internacional.


Ayer la BBC informaba del resultado de la medida.


77 solicitudes presentadas.

74 de ellas retiradas.

2 de ellas suspendidas.

1 vetada


Número total de manifestaciones celebradas: CERO.


Efectivamente, la Democracia y la Libertad van por el buen camino en China gracias a los Juegos.

[HT Norberg]

Pekín 2008: exhibición política



En público predican agua, a escondidas toman vino, decía Heinrich Heine.

La hipocresía implica necesariamente un alarde de una honestidad que no se practica. Desde que Olímpico Desprecio comenzó su andadura, han aparecido todo tipo de críticos acusándonos de hipócritas por las más diversas razones. Porque Bush atacó a Irak, por la excarcelación de De Juan Chaos, por el consumismo de productos chinos... Seríamos hipócritas si apoyáramos activamente por debajo de cuerda aquello que denunciamos en alto.

Seré cauta porque somos un grupo heterogéneo y no puedo afirmar nada en nombre de todos (excepto una cosa: ninguno de nosotros es partidario de la dictadura comunista, ni de cualquier otra dictadura). Pero yo, por ejemplo, estaría encantada de que los Juegos Olímpicos tuvieran financiación privada, mis compañeros tal vez no. No serían como ahora, casi seguro, pero no me meto en lo que cada cual hace con su dinero. La promoción del deporte por el Estado para su mayor gloria y honra es común a muchas de las dictaduras: las exhibiciones franquistas en el Santiago Bernabeu los primeros de mayo, la ostentación de una raza fuerte por Hitler, la perfección bajo amenaza de los deportistas soviéticos... Efectivamente las Olimpiadas no son una competición entre atletas de todos sitios, es un evento deportivo y político. Ya existen campeonatos del mundo oficiales, de cada zona, de cada continente, de cada país... Los JJOO modernos tienen un componente político clarísimo.



Por otra parte, hay que señalar que la comparación entre el régimen político de los Estadus Unidos de Bush y el del Partido Comunista Chino (PCC) es bastante diferente. No voy a negar que no me gusta Bush, ni su política exterior, ni las políticas que restringen la libertad en Estados Unidos, en España o donde sea. Pero que los gobiernos occidentales sean cada vez más intervencionistas (para nuestra desgracia) no me impide que exprese mi disgusto e indignación por la celebración de los Juegos Olímpicos en Pekín y que el PCC siga siendo maoísta, colectivista,planificador y exageradamente más liberticida. No hay una ley de planificación familiar que por ley diseñe la familia.

Es habitual la coletilla "y tú más" o "y tú qué" ante cualquier crítica. En el caso de los JJOO chinos, es facilísimo bloquear toda denuncia con argumentos del tipo "Atentados a la libertad hay en todos sitios, en tu país también, en China no tienen esos impuestos tan altos. ¿Por qué no les dejas que celebren sus Juegos y les deseas que les salgan muy bien?". Aún siendo ciertas las afirmaciones respecto a los atentados a la libertad patrios, nadie puede tacharme de hipócrita si continúo protestando por la concesión a China de los JJOO. Yo no voto a ningún partido liberticida, no comparto las políticas de mis dirigentes, no defiendo dictaduras... ¿por qué voy a callarme ahora? No me refiero al pueblo chino cuando critico los JJOO, sino al sistema comunista que (a veces se nos olvida) hace ciertas concesiones a la propiedad privada y al individuo, pero en la medida en que eso permite un mayor desarrollo económico del país, para seguir alimentando ese sistema.
La socialdemocracia occidental no es mi ideal, pero no es lo mismo. El punto de partida es el opuesto: hay un sistema de propiedad privada que los gobernantes violan o restringen. El resultado, gracias a Dios, no es igual.

La concesión de este evento por parte de los Gobiernos occidentales a China no está relacionado tampoco con libre comercio con este país. El comercio exterior para quienes defendemos la libertad económica es cosa de personas, no de estados. Si un comerciante chino produce un bien mejor que un español y más barato soy la primera en defender la soberanía del consumidor y su libertad de elegir. No sé qué contradicción hay entre esa postura y la denuncia de las barbaridades que los gobernantes chinos cometen desde sus poltronas del PCC.

¿Estoy yendo en contra de la voluntad del pueblo chino? No se sabe, estamos en el país de la censura, de Tiannamen, de las prohibiciones olímpicas (como han recordado mis compañeros en sus artículos). ¿No estaban los soviéticos que podían hablar tan orgullosos de la URSS?¿No están los cubanos que viven en Cuba tan felices con su Comandante?¿No es Chávez un libertador que se enfrenta con la tiranía capitalista explotadora para los venezolanos afines (que tan amablemente suelen insultarme)? Honestamente, creo que denunciar la concesión de un evento a un gobierno comunista, liberticida por definición, es legítimo.

Para quienes se ofuscan con el cambio económico de China, además de dedicarles la foto del ganador de caballo con arcos, Xiao Qin, saludando militarmente dese el podio, les copio una parte del escrito de Mao sobre la nueva democracia en China.

Desde hace años, los comunistas venimos luchando tanto por una revolución política y económica como por una revolución cultural en China; nuestro objetivo es construir para la nación china una nueva sociedad y un nuevo Estado, en los cuales no solamente habrá una nueva política y una nueva economía, sino también una nueva cultura. En otras palabras, no sólo deseamos convertir la China políticamente oprimida y económicamente explotada en una China políticamente libre y económicamente próspera; deseamos asimismo convertir la China ignorante y atrasada bajo el imperio de la vieja cultura en una China culta y avanzada en la que impere una nueva cultura. En resumen, queremos construir una nueva China. Y en el terreno cultural, nuestro objetivo es forjar una nueva cultura de la nación china.

Una cultura dada (como forma ideológica) es el reflejo de la política y la economía de una sociedad determinada y, a su vez, influye y actúa en gran medida sobre éstas; la economía es la base, y la política, la expresión concentrada de la economía. Este es nuestro punto de vista fundamental sobre la relación entre la cultura, por una parte, y la política y la economía, por la otra, y sobre la relación entre la política y la economía. De este modo, son primero la política y la economía de una formación social dada las que determinan la cultura de esa misma formación, y sólo después esta cultura influye y actúa sobre aquéllas. Marx dice: "No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social lo que determina su conciencia.” Y dice además: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarla ." Esta formulación científica, por primera vez en la historia humana, resolvió correctamente el problema de la relación entre la conciencia y el ser, y constituye la tesis básica de la dinámica y revolucionaria teoría del reflejo, tan profundamente desarrollada más tarde por Lenin. No debemos olvidar esta tesis básica al discutir los problemas culturales de China.


Basta con recordar las atrocidades y los atentados a la libertad individual que han costado estas "bonitas palabras". Por desgracia, en España cada vez suenan más familiares.