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Tuesday, August 19, 2008

Pekín 2008: exhibición política



En público predican agua, a escondidas toman vino, decía Heinrich Heine.

La hipocresía implica necesariamente un alarde de una honestidad que no se practica. Desde que Olímpico Desprecio comenzó su andadura, han aparecido todo tipo de críticos acusándonos de hipócritas por las más diversas razones. Porque Bush atacó a Irak, por la excarcelación de De Juan Chaos, por el consumismo de productos chinos... Seríamos hipócritas si apoyáramos activamente por debajo de cuerda aquello que denunciamos en alto.

Seré cauta porque somos un grupo heterogéneo y no puedo afirmar nada en nombre de todos (excepto una cosa: ninguno de nosotros es partidario de la dictadura comunista, ni de cualquier otra dictadura). Pero yo, por ejemplo, estaría encantada de que los Juegos Olímpicos tuvieran financiación privada, mis compañeros tal vez no. No serían como ahora, casi seguro, pero no me meto en lo que cada cual hace con su dinero. La promoción del deporte por el Estado para su mayor gloria y honra es común a muchas de las dictaduras: las exhibiciones franquistas en el Santiago Bernabeu los primeros de mayo, la ostentación de una raza fuerte por Hitler, la perfección bajo amenaza de los deportistas soviéticos... Efectivamente las Olimpiadas no son una competición entre atletas de todos sitios, es un evento deportivo y político. Ya existen campeonatos del mundo oficiales, de cada zona, de cada continente, de cada país... Los JJOO modernos tienen un componente político clarísimo.



Por otra parte, hay que señalar que la comparación entre el régimen político de los Estadus Unidos de Bush y el del Partido Comunista Chino (PCC) es bastante diferente. No voy a negar que no me gusta Bush, ni su política exterior, ni las políticas que restringen la libertad en Estados Unidos, en España o donde sea. Pero que los gobiernos occidentales sean cada vez más intervencionistas (para nuestra desgracia) no me impide que exprese mi disgusto e indignación por la celebración de los Juegos Olímpicos en Pekín y que el PCC siga siendo maoísta, colectivista,planificador y exageradamente más liberticida. No hay una ley de planificación familiar que por ley diseñe la familia.

Es habitual la coletilla "y tú más" o "y tú qué" ante cualquier crítica. En el caso de los JJOO chinos, es facilísimo bloquear toda denuncia con argumentos del tipo "Atentados a la libertad hay en todos sitios, en tu país también, en China no tienen esos impuestos tan altos. ¿Por qué no les dejas que celebren sus Juegos y les deseas que les salgan muy bien?". Aún siendo ciertas las afirmaciones respecto a los atentados a la libertad patrios, nadie puede tacharme de hipócrita si continúo protestando por la concesión a China de los JJOO. Yo no voto a ningún partido liberticida, no comparto las políticas de mis dirigentes, no defiendo dictaduras... ¿por qué voy a callarme ahora? No me refiero al pueblo chino cuando critico los JJOO, sino al sistema comunista que (a veces se nos olvida) hace ciertas concesiones a la propiedad privada y al individuo, pero en la medida en que eso permite un mayor desarrollo económico del país, para seguir alimentando ese sistema.
La socialdemocracia occidental no es mi ideal, pero no es lo mismo. El punto de partida es el opuesto: hay un sistema de propiedad privada que los gobernantes violan o restringen. El resultado, gracias a Dios, no es igual.

La concesión de este evento por parte de los Gobiernos occidentales a China no está relacionado tampoco con libre comercio con este país. El comercio exterior para quienes defendemos la libertad económica es cosa de personas, no de estados. Si un comerciante chino produce un bien mejor que un español y más barato soy la primera en defender la soberanía del consumidor y su libertad de elegir. No sé qué contradicción hay entre esa postura y la denuncia de las barbaridades que los gobernantes chinos cometen desde sus poltronas del PCC.

¿Estoy yendo en contra de la voluntad del pueblo chino? No se sabe, estamos en el país de la censura, de Tiannamen, de las prohibiciones olímpicas (como han recordado mis compañeros en sus artículos). ¿No estaban los soviéticos que podían hablar tan orgullosos de la URSS?¿No están los cubanos que viven en Cuba tan felices con su Comandante?¿No es Chávez un libertador que se enfrenta con la tiranía capitalista explotadora para los venezolanos afines (que tan amablemente suelen insultarme)? Honestamente, creo que denunciar la concesión de un evento a un gobierno comunista, liberticida por definición, es legítimo.

Para quienes se ofuscan con el cambio económico de China, además de dedicarles la foto del ganador de caballo con arcos, Xiao Qin, saludando militarmente dese el podio, les copio una parte del escrito de Mao sobre la nueva democracia en China.

Desde hace años, los comunistas venimos luchando tanto por una revolución política y económica como por una revolución cultural en China; nuestro objetivo es construir para la nación china una nueva sociedad y un nuevo Estado, en los cuales no solamente habrá una nueva política y una nueva economía, sino también una nueva cultura. En otras palabras, no sólo deseamos convertir la China políticamente oprimida y económicamente explotada en una China políticamente libre y económicamente próspera; deseamos asimismo convertir la China ignorante y atrasada bajo el imperio de la vieja cultura en una China culta y avanzada en la que impere una nueva cultura. En resumen, queremos construir una nueva China. Y en el terreno cultural, nuestro objetivo es forjar una nueva cultura de la nación china.

Una cultura dada (como forma ideológica) es el reflejo de la política y la economía de una sociedad determinada y, a su vez, influye y actúa en gran medida sobre éstas; la economía es la base, y la política, la expresión concentrada de la economía. Este es nuestro punto de vista fundamental sobre la relación entre la cultura, por una parte, y la política y la economía, por la otra, y sobre la relación entre la política y la economía. De este modo, son primero la política y la economía de una formación social dada las que determinan la cultura de esa misma formación, y sólo después esta cultura influye y actúa sobre aquéllas. Marx dice: "No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social lo que determina su conciencia.” Y dice además: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarla ." Esta formulación científica, por primera vez en la historia humana, resolvió correctamente el problema de la relación entre la conciencia y el ser, y constituye la tesis básica de la dinámica y revolucionaria teoría del reflejo, tan profundamente desarrollada más tarde por Lenin. No debemos olvidar esta tesis básica al discutir los problemas culturales de China.


Basta con recordar las atrocidades y los atentados a la libertad individual que han costado estas "bonitas palabras". Por desgracia, en España cada vez suenan más familiares.

Sunday, August 17, 2008

Oro falso

Las dictaduras, como la china, se engalanan en busca de prestigio cuando Olimpia toca su frente. La historia nos enseña que son pocas las ocasiones en las que se alcanzaron cambios políticos por medio de acontecimientos deportivos. Por qué se mantienen los políticos europeos en su empeño por mostrar iniciativa allí donde no es posible?

Si nos olvidamos de la lucha de dedos, la carrera de sacos, el pulso manchego y el lanzamiento de enanos no hay disciplina deportiva que no esté presente en los Juegos Olimpicos de Pekín. Hay una discilpina, incluso, que ha comenzado a disputarse mucho antes del acto de inauguración: la hipocresía antemicrófono.

Tres grandes talentos lograron la clasificación prematura en este duro deporte. El primero fué el Presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pöttering, quien en una entrevista animaba a los deportistas a protestar contra los atentados chinos a los Derechos Humanos, sin explicar exactamente cómo. Les pidió acudir a Pekín, „mirarlo todo y no apartar la vista“, pues luego „cada uno puede hacer un gesto a su manera“.

En otras palabras, los ciclistas pueden atropellar a un comisario por vuelta, o girar en sentido contrario al del recorrido, y así realizar un gesto simbólico de protesta contra la dictadura monolítica. Los gimnastas pueden actuar desnudos en solidaridad con los tibetanos, que defienden día a día su piel. Los participantes en el decatlón podrían renunciar a una de las disciplinas, bajo el lema: “muchos chinos también renuncian a una comida al día”. Estos gestos harían reflexionar a la cúpula comunista, seguro.

Pero comportarse de tal forma escandalizaría a nuestra segunda cualificada, la Vicepresidenta del Gobierno español María Teresa Fernández de la Vega. También cualifica en hipocresía antemicrófono, pero con una técnica totalmente opuesta: “la Carta Olímpica en su norma 50.3 establece que en la villa olímpica esta prohibido hablar o realizar cualquier manifestación o propaganda política, religiosa o racial”. Los atletas y deportistas, en cuanto entran en la villa olímpica, dejan de ser ciudadanos amparados por las leyes democráticas de su país, pierden su derecho a la libertad de expresión, pasando a convetirse en paquetes de músculos descerebrados, ya que de lo que se trata es de conseguir medallas y no de convertirse en tertuliano. La cuestión es, dónde está la frontera entre la provocación y la crítica respetuosa?

El Presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, nuestro tercer cualificado, tampoco tiene respuesta a esa pregunta. Prueba de ello es que, ante la vergonzosa actitud de las autoridades chinas, impidiendo la prometida acción libre de los periodistas, todo lo que supo balbucear fué un: "No voy a pedir disculpas por algo en lo que el COI no tiene ninguna responsabilidad“, como si nunca hubiese hablado con los responsables chinos sobre todos los detalles de estos Juegos, incluído el espinoso tema de la libertad de información periodística que, recordemos, era una de las condiciones que el COI impuso a Pekín en su día para poder presentar su candidatura como ciudad sede de los Juegos.

Y lo que hemos tenido que oir y leer sobre las curativas, civilizadoras y democratizantes propiedades del deporte en general y de los reporteros deportivos en particular? Son miles y todo lo ven, nada se les escapa. Preguntan a cada policía de tráfico cómo se llega a Lhasa. Tienen encuentros con disidentes y con las familias de los presos políticos... A nadie se le escapa que el trabajo del reportero deportivo consiste mayormente en ocupar su sitio en la sala de prensa junto a otros mil reporteros deportivos y no perder detalle de lo que muestra la CNN para poder informar "en directo" y de primera mano en casa. Y los pocos reportajes "costumbristas" que envían vienen cargados de la pedantería que rezuma un "nos comenta el taxista que nos lleva al Pabellón X" como si el abnegado trabajador del volante fuese un espía de la resistencia democrática china. Y al que lo intenta de verdad, le sale el tiro por la culata. Cuentan las malas lenguas que una reportera de la ZDF quiso filmar un monasterio tibetano, a lo que las autoridades locales le respondieron que los monjes estaban de vacaciones y no concedían entrevistas. Vuelta a Pekín.

Lo sorprendente de estos casos es que asoman de manera tan inesperada que resultan casi fantasiosos. Como si no se hubiesen tenido nunca experiencias similares con regímenes dictatoriales de todo color, ansiosos por apoyarse en un acontecimiento deportivo para presentarse en sus mejores galas. Como si en 1936, tres años después de la toma del poder por los nazis, no se hubiesen celebrado los JJOO de Berlín, en los que también participaron un par de negros y judíos, infrahumanos consentidos por la mangnanimidad teutona. En Pekín, todos los restaurantes de la ciudad han recibido un escrito en el que se les prohíbe taxativamente la venta de carne de perro, eliminándola también de la carta. En cuanto los deportistas, los turistas y los periodistas regresen a casa, la delikatesse canina volverá a la olla.

En descargo de los deportistas, tanto los que se animan a tirar del carro sin importarles a dónde les lleve el viaje, como a los que realmente creen que pueden aportar con su esfuerzo algo a la paz y el entendimiento entre los pueblos, he de decir que ellos no son los únicos que se pliegan a los encantos de las dictaduras. Vean los viajes amigables de nuestros Ministros por las repúblicas bananeras de todo tinte, las aguas templadas que usan los homónimos europeos con las dictaduras islámicas o los intentos culturalizadores de orquestas y compañías de teatro occidentales esforzados en llevar, envuelto en partituras de Mozart o entre las pastas de los libretos de Brecht, el amor a la libertad a los más recónditos lugares del universo. Los niños creen en los Reyes Magos, los cristianos en la Concepción Inmaculada, los judíos en el Mesías, los fans de Chikilikuatre en ganar Eurovisión y los deportistas y artistas en su misión pacificadora. Hasta perder todo contacto con la realidad.

Además, las dictaduras pueden ser tremendamente sexys. Sobre todo si reciben a sus invitados con tambores, trompetas y fuegos artificiales. Los deportistas volverán a casa con una gran impresión de China. Colmados de oro, plata, bronce o contentos por haber participado. Los reporteros nos habrán contado a diario cuántas medallas han ganado éstos o aquéllos, actualizando el medallero como si de un rito ancestral se tratase. Y pasadas unas semanas, el Presidente del Parlamento Europeo, la Vicepresidenta española y el jefe del COI se reunirán para comer un buen plato de pato a la naranja y preparar una declaración conjunta de protesta por la lesión de los derechos humanos en Tíbet o en cualquier otro sitio. Eso sí, con mucho respeto, dentro del margen de la ley y sin disculparse por nada de lo que ellos no sean responsables.