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Monday, August 25, 2008

El verdadero rostro de los Juegos


Cuando empezamos a preparar y editar Olímpico Desprecio creo que ninguno de nosotros esperaba que la dictadura china fuese tan burda como para cometer algunos de los errores propagandísticos que ha cometido; al fin y al cabo, la propaganda era lo más importante de estos Juegos para ellos y lo lógico es que la cuidasen hasta el más nimio detalle. Pero bien sea porque el poder absoluto hace a quien lo ostenta creerse más listo de lo que realmente es, bien porque después de tantos años de dictadura comunista se pierde el norte de lo que es moral y lo que no lo es, las autoridades chinas nos han revelado su verdadero rostro, el verdadero rostro de los juegos, con el ridículo cambiazo de niñas de la ceremonia de apertura.

Así, aunque ha habido gestas deportivas realmente impresionantes e históricas, yo y muchos no recordaremos estos juegos por las maravillas de Bolt en la pista o Phelps en la piscina, sino por la pobre Yang Peiyi cantando entre bastidores mientras su rostro se ocultaba "por el bien de la patria" y era la cara de Lin Miaoke, tan bonita ella, la que centenares de millones de telespectadores veían en las pantallas.

Me dirán muchos que tampoco hay que darle tanta importancia a lo que no es más que un detalle de una inmensa ceremonia dentro de un acontecimiento todavía más inmenso, pero yo creo que en muchas ocasiones en los detalles está el significado profundo de las cosas. De China y su régimen se podrían decir mucho (de hecho, mucho se ha dicho ya en este blog que se acerca a su fin) que son terriblemente más graves que se cambie a una niña "fea" por otra "guapa" en un show, pero pocas son tan simbólicas como ese cambio.

Porque es un cambio que simboliza, como pocos, el uso masivo de la mentira, del engaño, la construcción de una fachada de apariencias tras la que se esconden los dientes desparejados y los mofletes gordos de la sociedad comunista; porque es un cambio que simboliza, como pocos, el nulo respeto al individuo, a los seres humanos que son, simplemente, "usados"; porque es una trampa hecha con las personas por definición más desprotegidas, los niños, los que más necesitan del apoyo de los adultos y aquellos en los que se han de transmitir los valores de lo que queremos que sea nuestra sociedad futura; y porque, además, se trata de niñas, las grandes perjudicadas de la política eugenésica del régimen, una política que ha llenado su país de fetos abortados y nuestras calles de niñas chinas que fueron abandonadas a la suerte de que una pareja occidental las sacase del infierno.

Pero lo más simbólico de todo es que Yang Peiyi, cuyo rostro vergonzante había de ser ocultado, no es un monstruo desfigurado sino una niña normal y corriente, a la que las fotos muestran incluso mona y con una cara muy simpática; una ricura, vamos, poseedora además de una voz excepcional. Es una niña, en resumen, de la que todo padre se sentiría orgulloso, pero que no alcanzaba los estándares que requiere "el hombre nuevo", la sociedad perfecta que el PCCh lleva décadas instaurando a sangre y fuego, el fuego de la más atroz de las dictaduras y la sangre de decenas de millones de sus compatriotas.

No, el rostro de estos Juegos no es la cara un poco de paleto de Phelps, ni la de Bolt con sus muecas y sus zapatillas doradas; el rostro de estos Juegos es el de Yang Peiyi, con su voz escondida que nos dice: todo es mentira, todo es una grosera y sangrienta mentira.

Sunday, August 24, 2008

La tragedia de la política eugenésica china

Hoy concluyen los Juegos Olímpicos de la Vergüenza. El régimen chino volverá a asombrar a medio mundo con un espectacular acto de clausura, ejecutado al más puro estilo militar, tal y como aconteció en la celebración de apertura. Sin embargo, una vez que se apaguen los focos y la atención de los medios internacionales se desvíe hacia otros lugares y acontecimientos, más de 1.300 millones de chinos continuarán con sus vidas bajo el férreo control del gobierno comunista.

La parodia ha llegado a su fin y ninguno de los principios y valores que dice defender el Comité Olímpico Internacional (COI), centrados en la defensa de los derechos humanos, será tenido en cuenta por el Estado totalitario chino. Y es que el control gubernamental se extiende hasta límites insospechados, traspasando los propios de una economía planificada y llegando a inmiscuirse en las relaciones íntimas y familiares de los individuos.

Es el caso de la denominada eugenesia y la política de control demográfico, que durante las últimas décadas se ha cobrado la vida de millones de niños ocultos bajo el manto del anonimato, gracias a la impermeabilidad informativa que impone el régimen. El Gobierno se vanagloria de su política de un solo hijo. Una medida que, incluso, ha sido aplaudida por determinados sectores en occidente con el fin de limitar el crecimiento de la población china.

¿Cómo reaccionaría usted si el Estado le prohibiera reproducirse o contraer matrimonio con quien desee? Sin duda, una medida de estas características sería tildada de fascista y opresora. Pues esta es, precisamente, la realidad que tienen que sufrir cientos de millones de familias que viven bajo el yugo de la República Popular. A finales de los años 70, el Gobierno impuso la ley de un hijo por familia para limitar un aumento demográfico que, según muchos, sería “insostenible”. Término éste último que, por cierto, se emplea mucho hoy en día para referirse a la defensa del medio ambiente mediante la “necesaria” limitación del desarrollo económico.

Sus efectos han sido trágicos. La anticoncepción y el aborto son las piedras angulares de esta ley. El régimen aplica, además, amplios programas de esterilización obligatoria bajo excusas médicas o la implantación de dispositivos intrauterinos. El infanticidio también es algo corriente entre la población.

Muchos padres de familia se ven obligados a escoger entre tener un hijo varón, que los sostendrá a ellos en su vejez, o una hija, que contraerá matrimonio en el futuro y vivirá fuera de casa con su marido. Como resultado, se ha extendido el repudio hacia las niñas chinas. Muchas de ellas son asesinadas o abandonadas en las calles, en caso de que la madre no haya podido interrumpir antes el embarazo mediante el aborto.

Quienes no acatan la norma de un solo hijo reciben cuantiosas multas, son sometidos a la confiscación de bienes e, incluso, al despido de su trabajo. En la actualidad, se calcula que China carece de cerca de 30 millones de mujeres aptas para el matrimonio. ¿Se imaginan un país como España formado tan sólo por varones?

A ello se añaden importantes consecuencias económicas. La población china envejece por momentos ante la falta de niños. Según un informe del banco de inversión Goldman Sachs sobre esta materia, China se verá abocada a un importante desequilibrio poblacional en las próximas décadas. El denominado ratio de dependencia (suma de personas demasiado jóvenes y demasiado mayores para trabajar dividida entre la población activa del país) rondará el 50 por ciento en 2030, frente a menos del 40 por ciento en estos momentos. Para 2050, cada 10 trabajadores chinos comprendidos entre los 15 y 64 años estarán manteniendo a siete niños y personas mayores. Es decir, un ratio de dependencia próximo al 70 por ciento.

¿Resultado? La renta per cápita de los ciudadanos se verá seriamente limitada, al tiempo que el sistema de jubilación se verá abocado a la quiebra. No habrá suficiente mano de obra para mantener a un creciente número de personas inactivas. Los chinos que nacieron antes de 1979, cuando pasaron a engrosar la población activa en la década de 1980 y 1990, tenían menos jóvenes dependientes que cuidar que las generaciones anteriores. Este incremento de la población activa en relación con el resto de la población, contribuyó en un 15 por ciento al crecimiento económico del país desde 1982 a 2000, según los cálculos de Naciones Unidas. Sin embargo, dicho ratio entrará a partir de ahora en déficit debido al escaso número de jóvenes y las restricciones migratorias que el Gobierno aplica sobre la población rural.

Según el censo oficial chino, cada mujer tiene 1,2 hijos, mientras que la tasa de fertilidad ascendía a 2,7 en la década de los 70. Por último, el régimen comunista aprobó la denominada ley china de Salud Maternoinfantil, que entró en vigor en 1995. Se trata de una norma eugenésica destinada a que tan sólo puedan procrear los “mejores hombres y mujeres chinos”. En esencia, esta medida consiste en eliminar a todos aquellos niños que nazcan con algún tipo de tara o defecto, tanto físico como mental. Los discapacitados han de ser sacrificados por del “bien común” de la República.

Artículo 16: Si el médico diagnostica una enfermedad genética grave (entiéndase dolencias genéticas, determinadas enfermedades infecciosas, trastornos mentales y defectos físicos) a una pareja casada en edad de procrear o sospecha que la padece, brindará a dicha pareja la asistencia médica necesaria, y ésta adoptará las medidas prescritas por el facultativo. Es decir, aborto obligatorio.

Artículo 10: Después de practicar el examen premarital (obligatorio para todas las parejas chinas), los médicos darán a los contrayentes las explicaciones del caso y la asistencia necesaria si se ha diagnosticado una enfermedad genética grave que, desde un punto de vista médico, los torne inaptos para procrear. Así, sólo podrán contraer matrimonio si ambos aceptan adoptar medidas anticonceptivas de larga duración o someterse a una operación de esterilización.

Así se las gasta el Gobierno comunista. El baluarte este año del denominado “espíritu olímpico” que, en teoría, se levanta sobre la defensa de los derechos humanos. Espero, al menos, que hayan disfrutado de esta vergonzosa farsa.

POR MANUEL LLAMAS FRAGA

Thursday, August 21, 2008

El que no respeta a los vivos tampoco respeta a los muertos

153 personas se dejaron ayer la vida en el trágico accidente de Barajas, los atletas españoles que están disputando en Pekín las competiciones olímpicas estarán, supongo, tan conmocionados como estamos todos los demás. Ellos, los atletas, tienen que sobreponerse a las circunstancias terribles y a su propio dolor y, también en esto como a nosotros, no les queda otro remedio que trabajar, que en su caso es competir.

La diferencia es que a la mayoría de nosotros nuestro trabajo no nos expone a la luz pública, como a ellos, ni nos da la oportunidad de rendir un sencillo homenaje que ellos, como personas con una especial proyección estos días, sí tenían la posibilidad de rendir de cara a todo el mundo. Pero el COI y los organizadores de estas Olimpiadas de la Vergüenza no se lo han permitido: ni ha sido posible que nuestra bandera ondease a media asta en la Villa Olímpica ni se está permitiendo a nuestros atletas competir con un brazalete negro.

Supongo que, como a mí, la decisión les habrá provocado a muchos de ustedes dos sentimientos sentidos con singular fuerza: sorpresa e indignación. El segundo es más que razonable (si es que todavía nos quedan reservas de indignación para los gerifaltes chinos y los del COI); el primero, muy comprensible en estas circunstancias, tiene menos razón de ser: el que no respeta a los vivos (y los esclaviza y los oprime y los encarcela y los masacra) difícilmente podrá respetar a los muertos.

Aquel que tiene a las personas como mero instrumento de su poder o de su negocio no podrá sentir por los muertos algo más de lo que siente por los vivos. No, no debería sorprendernos, pero eso sí: una vez más el COI y el PCCh nos dan la justa medida de lo que son: una gentuza despreciable y sin sentimientos.

Wednesday, August 13, 2008

Chop suey, rollito primavera y cuentos chinos

Un cuento chino está concebido para no ser creído, es un relato falso que busca engañar al lector al tiempo que le distrae.

A estas alturas de los Juegos, los atletas ya habrán recorrido cientos de kilómetros sin llegar a ningún sitio, dan vueltas sobre un circuito para terminar en el lugar desde el que partieron; algo parecido a la narrativa circular del cuento chino. Durante casi tres semanas, los profesionales juegan a ser amateurs, las banderas flamean porque incorporan un sistema en el mástil que insufla aire, los record caerán porque el dopaje es más rápido que los análisis y los políticos convivirán en una aristofanesca armonía que rezuma falsedad en cada una de sus escenas y nos parece un chop suey: trozos, sobras y en algún caso despojos. Hipocresía, arbitrariedad e intereses se unen en el interior del rollito de primavera; es cierto que está crujiente, pero nos resulta un comistrajo indigestible.

Miles de periodistas asisten a la lectura del cuento, y lo hacen sin recordar que China es el país en el que más periodistas cumplen prisión solamente por disentir. Curiosa amnesia y muestra de compañerismo es ésa, porque muchos provienen de países en los que enarbolan la bandera de la libertad de expresión a la menor crítica, que no censura. La cadena estadounidense NBC, por ejemplo, aportó 600 millones de euros a la organización de los Juegos; supongo que cuando concluyan los fastos deportivos volverán a mostrarnos las imágenes de la represión en el Tibet y nos hablarán de la falta de libertad. Asimismo, buscarán el detalle de la tragedia, el muerto solitario acribillado en una calle, porque nuestras conciencias son inmunes a la magnitud y sólo se conmueven con el pormenor: la multitud dispersa la atención. En realidad harán lo que hacen siempre: «trabajar la información»; un término inquietante, lo reconozco. Todo sea en aras de las dos prostitutas más famosas: la libertad de prensa y la de opinión.

Con todo y con eso, en un cuento tan bonito y exótico todos quieren representar un papel, aunque sea bufo o implique recibir palos. Un juez español de la Audiencia Nacional ha iniciado una investigación sobre dos ministros chinos y cinco altos funcionarios por su implicación en la última represión ejercida en el Tibet. Es indiferente que la Justicia española acumule casi 1.200.000 sentencias que están pendientes de ejecución o 500.000 fallos sin resolver; lo importante es formar parte del cuento y disfrutar de una escudilla de chop suey, o al menos poder rebañar. No obstante, si el magistrado posee tantas ansias de protagonismo, lo mejor hubiera sido que corriera la final de los 100 metros lisos, ¡con toga y puñetas, por supuesto! Entiendo que ése porte indumentario no es aerodinámico y resultaría chocarrero; aunque yo, por el contrario, le respetaría más.

A pesar de que el Gobierno chino ha tomado diferentes medidas para solventarlo, Pekín es una ciudad muy contaminada, con un aire irrespirable que abrasa los pulmones e irrita los ojos. Ahora bien, ése grado de contaminación es similar al que impera en el COI, un organismo al que siempre rodean los escándalos, la corrupción, el nepotismo y los remiendos. Tan es así, que la figura de J.A.Samaranch, en su cargo de presidente vitalicio, nos recuerda la gerontocracia propia de otros regímenes.

Cuando el COI concedió la organización de los JJOO a un gobierno autoritario, represor y negrero, lo único que consiguió fue fortalecer al régimen comunista, que no dudó en utilizar la excusa de los Juegos Olímpicos — se argumentaron razones de seguridad— para incrementar la represión sobre los disidentes y ejercer mayor control sobre la población; tanto nativa como foránea. De la misma forma, la construcción de las infraestructuras necesarias para la cita olímpica comportó desplazamientos de población y problemas sociales vinculados al desarraigo que todavía no se han solventado. Es curioso que la avenida que conduce desde la Villa Olímpica hasta la estación de tren del Sur de Pekín haya sido diseñada por Albert Speer, el hijo del arquitecto favorito de Adolf Hitler. Seguro que al proyectista no le importaron los miles de viviendas y vecinos que fueron desalojados a la fuerza para desarrollar un proyecto que incluso supera a los planeados por su padre para la colosal Germania. Quizá esa sea una de las esencias de la vida: que el hijo supere al padre. El COI, sin embargo, está feliz y contento con la monumentalidad de las obras realizadas. No creo que ninguno de sus miembros se planteara que algo así sólo puede llevarse a cabo en un régimen tiránico que desprecia a sus ciudadanos en aras del objetivo supremo: un destilado de totalitarismo digno de los connoisseurs del COI. Yo creía que el lema Citius, altius, fortius reflejaba el espíritu olímpico, pero he comprendido que se refiere al grado de desvergüenza e hipocresía de los miembros del COI. ¡Enhorabuena, lo consiguieron! No obstante, debo formular una pregunta: ¿a cuánto se cotizó el voto para la candidatura de Pekín? Supongo que la respuesta está en el interior del rollito, el lugar más recóndito.

Al observar la faz de los jerifaltes chinos me asalta una incertidumbre: ¿tienen el mismo número de músculos en la cara que un occidental? Yo lo dudo, porque parecen un compendio de técnicas de embalsamamiento y tanotopraxia. Ahora bien, muchos de los mandatarios mundiales que asistieron a la inauguración son tan indecentes como la versión cérea de los guerreros de Xi’an, porque en sus respectivos países siempre se mostrarán como los paladines de los Derechos Humanos, pero no dudan en legitimar con su presencia a un régimen que los vulnera sistemáticamente. Sin embargo debemos disculparles, ellos son aficionados al subgénero literario del cuento— sea chino o no— por un solo motivo: viven del cuento. Es cierto que esos especímenes gesticulan y sonríen más que los déspotas chinos, pero cada una de esas «espontáneas» y «sencillas» muestras de alegría es una afrenta para los muertos en la represión del Tibet, los miles de condenados que son ejecutados cada año en China (el país con el mayor número de ejecuciones en el mundo), los cientos de encarcelados sin juicio alguno y los millones que son explotados laboralmente en un régimen de semiesclavitud y perciben salarios miserables. Sería una muestra de dignidad (si es que les queda alguna) que eviten mencionar a los Derechos Humanos en los discursos con los que nos atormentan de vez en cuando.
Los chinos deben disfrutar de sus JJOO, ellos mejor que nadie saben que nada ha cambiado en China y nada cambiará, la denominada «la otra China» se refiere a fuegos artificiales, esfuerzo físico sobre el tartán, música y colores; todo ello tan efímero como la conciencia de nuestros gobernantes o la luminosidad de una antorcha olímpica.

Occidente ha demostrado con su mirar para otro lado que priman los intereses económicos y los negocios, aunque en ése tema todos somos cómplices: observen qué pone detrás de su flamante Ipod, en algunos componentes de su ordenador o en sus teléfonos móviles: Made in China. No se incomoden por ello, ya les dije que la esencia de un cuento chino es engañar.

Nuestras sociedades se han sofisticado hasta tal punto que el panem et circenses nos sabe a poco, no logra saciarnos. Por suerte, durante estos días tendremos chop suey y rollitos de primavera, y alguien nos explicará un ingenioso cuento chino. Lo uno vive a costa de lo otro, siempre ha sido así.

Tuesday, August 12, 2008

Samaranch y la politización de las Olimpiadas

En unas declaraciones al diario La Vanguardia de hace algunos meses, el presidente honorario del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch, dijo que era injusto utilizar los Juegos Olímpicos para castigar a China por asuntos políticos internos de ese país. Afirmó que “la política es la política y el deporte es el deporte. Y si hay quejas contra China que se lleven al foro adecuado a exponerlas”.

La verdad es que le tengo un sincero aprecio a mi paisano. Quizás sea porque el 17 de octubre de 1986, en Lausanne pronunció una de las frases más famosas y recordadas en mi ciudad: à la ville de… ¡Barcelona! Sin embargo, creo que peca de ingenuidad en sus declaraciones. O eso quiero creer…

La idea de que la política no participa en los Juegos Olímpicos no puede ser más inocente y estar más alejada de la realidad. Y es que lo político está presupuesto en los Juegos Olímpicos desde el mismo momento en el que intervienen los Estados. Y si tenemos en cuenta que las Olimpiadas las organizan, se llevan a cabo y participan los Estados, no cabe ninguna duda de que están irremediablemente politizadas de principio a fin. El aparato de compulsión y coacción lo hacen funcionar personas de carne y hueso, que no pueden dejar pasar estos grandes y espectaculares eventos para alcanzar sus propios fines.

Los poderes políticos no sólo necesitan y aprovechan estos eventos por los beneficios económicos que conllevan, sino principalmente para legitimarse. Esto es importantísimo, ya que un Estado no puede obtener obediencia simplemente mediante la represión. Incluso habiendo un partido único como es el caso chino (o precisamente por este motivo), éste debe controlar la opinión pública, ya que no puede sostenerse a largo plazo si sus políticas no son aceptadas por la mayoría de los gobernados. Debe conseguir que los ciudadanos/súbditos obedezcan sus órdenes sin necesidad de castigos ni recompensas.

La majestuosidad de la ceremonia inaugural cumple un papel de legitimación mediante la amplificación de la fantasía colectiva. La fantasía de que el individuo se debe a la nación; la fantasía de identificar a la nación con sus gobernantes; y finalmente, la fantasía de identificar a los gobernantes con los gobernados. En definitiva: más superstición colectivista y menos individuo.

Con estos intereses políticos no es de extrañar que se den continuos casos de corrupción, malversación de fondos y sobornos dentro del seno COI, como los que tuvo que hacer frente el propio Samaranch en 1999 debido a los escándalos de soborno a miembros de la junta directiva.

Además, conocemos casos históricos en los que los JJOO se han visto directamente alterados por motivos políticos. En 1980, Estados Unidos y algunos países del bloque occidental decidieron ausentarse de los Juegos de Moscú, en protesta por la invasión de Afganistán por parte de las tropas soviéticas. Cuatro años después, fueron la URSS y las naciones del Este de Europa las que optaron por boicotear los Juegos organizados por Estados Unidos en la ciudad de Los Ángeles. Otros países, como Cuba y Sudáfrica, tampoco participaron en las citas olímpicas durante mucho tiempo por razones de índole político.

Podemos preguntarnos si el denominado “Movimiento Olímpico” tiene que ver con aquel soñado por el barón Pierre de Coubertin, pero de lo que no hay duda es que la lógica y la historia nos demuestran que es imposible separar los Juegos Olímpicos de la política. Como mínimo, mientras la forma histórica de lo político siga siendo el Estado.

Monday, August 11, 2008

El lema olímpico







Aunque las estadísticas sobre las penas de muerte en China son secreto de Estado, se estima que en el país organizador de los Juegos de la Vergüenza se ejecuta a unas 7.500 personas cada año por diferentes motivos. Los fusilamientos de las imágenes corresponden a la represión en el Tibet.

Sunday, August 10, 2008

¿Y yo qué puedo hacer?

Muchos de los lectores de esta bitácora (no todos, como se puede ver en los comentarios) compartirán con los que la hemos creado buena parte de las razones que nos han llevado a hacerlo: la preocupación por los derechos humanos, el rechazo a una dictadura terrible como la china, la vergüenza por la actitud de occidente, la indignación con los chupópteros del COI... Sin embargo, a la hora de la verdad se encontrarán con una duda: ¿qué puedo hacer yo, sencillo ciudadano medio de un país medio?

Pues bien, esta claro que nuestra capacidad de actuación es limitada, ni somos políticos ni miembros del COI (¡y cómo lamentan esto último nuestros paladares y cuentas corrientes!), las grandes decisiones de la política internacional no están en nuestras manos, pero sí hay algunas pequeñas cosas que podemos hacer, pequeños gestos que no significarán un cambio radical pero que pueden contribuir a crear un poso y a que, en el futuro, las Olimpiadas del 2008 se recuerden como lo que realmente son: una vergüenza.

Aunque no lo parezca, usted ya ha empezado a hacer esos gestos: visitar una bitácora como ésta es uno de ellos, seguramente el menos importante no crean que somos tan presuntuosos, pero también es una contribución. Más importante será que visite webs como la de Amnistía Internacional, que está haciendo una muy interesante campaña desde hace varios meses, a la que usted puede contribuir con su firma.

Reporteros Sin Fronteras se está destacando también en su oposición a los juegos y en la exigencia de libertad de expresión en China y de libertad a secas para los muchísimos periodistas o internautas que están encarcelados en ese país por algo tan "terrible" como querer informar o informarse. Otras organizaciones como Free Tibet utilizan internet para sus campañas y le facilitan fórmulas para participar en ellas.

Y, por supuesto, hay que luchar la pequeña batalla de la opinión pública de nuestro día a día: cargarnos con argumentos y convencer con ellos a nuestros amigos, a los compañeros de trabajo o a todos aquellos con los que podamos compartir una conversación. En las mismas páginas de las que ya hemos hablado encontrará nombres, historias y argumentos con los que armarse dialécticamente (y esperemos que Olímpico Desprecio también sirva para ello).

NO HACER EN LUGAR DE HACER
Pero lo más importante a nuestro alcance para luchar contra la vergüenza de los JJOO no es algo que podamos hacer sino algo que podemos no hacer, por así decirlo: apague su televisor, cambie de canal o ponga la radio, haga lo que sea pero no siga las retransmisiones televisivas de los Juegos.

Sí ya sé que es muy difícil y a mi también me esta costando, soy consciente de que les estoy pidiendo que no vean a la selección de baloncesto, a Rafa Nadal, la que quizá sea la mejor final de los 100 metros de toda la historia o las muchas medallas que conseguirán los deportistas españoles... Les estoy pidiendo un esfuerzo importante, lo sé, pero os JJOO son antes que nada un grandísimo negocio, negocio que se sustenta primordialmente en las multimillonarias audiencias televisivas. La contribución de un único individuo en un mar de miles de millones de telespectadores es insignificante pero, ¿y si entre todos lográsemos que la audiencia de la Olimpiada bajase un poquito? ¿O que se mantuviese o que, simplemente, no llegase a las cifras esperadas?

Sería la mejor forma de hacer recapacitar a instituciones como el COI o el todavía más patético COE, de hacerles entender que no todo vale, que si quieren seguir vendiéndonos su moto de la fraternidad universal a través del deporte y hacer un buen negocio con ella deben tener cuidado con el escaparate que elijan. En esta ocasión ya hemos perdido la partida, pero quizá podamos lograr una victoria a largo plazo.

No tengo muchas esperanzas, la verdad, pero yo pondré mi doloroso granito de arena perdiéndome algunas cosas que me encantaría ver. Más doloroso es, al fin y al cabo, estar en la cárcel por expresarse en libertad y más sufrieron y sufren las víctimas de Tiananmen.

Y usted ¿está dispuesto a un pequeño sacrificio?

PD.: Seguramente le dirán (o me dirán a mí) que no hay que mezclar política con deporte, responda que no es política, no es un problema de derechas e izquierdas, es un problema de derechos humanos. básicos. La política es discutible, los DDHH no.

Saturday, August 9, 2008

Mao

Ha sido impresionante la llegada de la antorcha olímpica, la del antiguo fuego sagrado, que simbólicamente transmite los valores de juego limpio y concordia entre pueblos. Porque la presidía El Gran Timonel, el ejecutor del Gran Salto Adelante, promotor de la primavera de las Cien Flores, inspirador y alma de la Revolución Cultural. Como simbolo de la hipocresía más atroz no está nada mal. Llega la antorcha bajo la mirada tranquila del que llevó a la muerte a 20 000 000 de chinos en el más criminal proyecto de ingeniería social de la historia de la humanidad; del que se burló con sangre de la creatividad del pueblo chino; del que arrasó el patrimonio cultural material y humano de milenios.


El régimen chino se ha abierto al exterior. Económicamente al menos. El cambio de rumbo es la enésima refutación del comunismo: no funciona y si funciona es por lo que de comunista va dejando por el camino. Sin embargo, siguen con lo que a la larga es lo peor de esa ideología, la falsificación de la realidad, la sistemática manipulación. Y el mantener a Mao como ejemplo y símbolo del país lo demuestra. Los símbolos no son inocentes. Menos con los comunistas, que no tienen nada más que símbolos apuntalando su poder, a su vez apuntalados por la censura y la represión. Es muy caro en libertades y dinero no tener otra memoria que la escrupulosamente falsificada. Por esto me resulta alucinante que no haya puesto camino de su casa a más de una delegación la estampa de la efigie de un asesino presidiendo la llegada del simbolo de la concordia. Al menos algunos se han retratado, Bush y Sarkozy exigiendo derechos humanos y Zapatero el alianzado callando, con su escudera y el nuevo PP haciendo callar.

Ha habido protestas, extranjeros protestando, por lo del Tíbet y alguna minucia más del estilo de la libertad de prensa. Los han largado del país. ¡Eso es una mejora! no hace mucho que han muerto a extranjeros por la causa. La desmemoria es obligatoria (nadie sabe nada de los sucesos de la plaza de Tiananmen ¡cuánto menos de los más antiguos!). Sigue habiendo tortura... Es la deducción precisa del hecho de que todavía rinden culto a un asesino. El hecho abrumador de poner como inspiración a un asesino es la estricta causa de cualquier atropello.

No será creíble el cambio en China hasta el día que no abjuren de Mao, de uno de los mayores asesinos de la historia. Mejor dicho, mientras no quiten a ese criminal del panteón de santones del régimen, los cambios, empezando por los económicos, serán perfectamente reversibles, con Juegos Olímpicos o sin ellos, da igual.

Friday, August 8, 2008

Mentiras Chinas, fracaso olímpico.

Cuando se otorgó a Pekín la organización de los Juegos Olímpicos del 2008 se hizo en el entendimiento más o menos explícito de que el gobierno comunista chino se comprometía en tres cuestiones fundamentales sin cuya presencia el ideal olímpico devendría charada onanista y reparto de medallas: aire limpio, libertad de prensa, derechos humanos. El pan y la mantequilla de una China que quisiera ocupar su lugar entre los paises civilizados.

El aire de Pekin era, como ha escrito José Antonio Martinez Abarca "bechamel y pelo de camello" No había forma de que se celebraran unos Juegos Ollímpicos sin que los corredores de maratón fueran asfaltando con sus cuerpos las polvorientas calles pekinesas. Una promesa de mera administración. La segunda promesa era de mera decencia: asegurar la libertad de expresión y de prensa durante los Juegos, una libertad que debería permanecer después junto a los nuevos estadios o la ampliación del metro como legado para nuevas generaciones de chinos. Finalmente se exigía que el comunismo chino garantizara los derechos humanos de sus ciudadadanos. Básico.

En el momento mismo en el que China obtenía la organización de los juegos Liu Jingmin, vicepresidente del Comité de la Candidatura Olímpica declaró: "Al permitir que Pekín organice los juegos, están ustedes colaborando al desarrollo de los derechos humanos"

Hoy, día en que se inauguran los Juegos Olímpicos, sabemos ya que China ha ignorado todas y cada una de sus promesas. No sólo eso sino que el proceso de preparación de los juegos ha supuesto un endurecimiento de la represión. Los Juegos no sólo han servido para mostrar el totalitarismo del comunismo chino y la opresión en la que viven los chinos sino que han creado su propia represión extra, olímpica, por así decir.

En marzo, monjes budistas tibetanos organizaron una serie de marchas pacíficas solicitándo una mayor autonomía para el Tibet. La policía china las disolvió brutalmente iniciando una espiral de violencia que brevemente pareció poder extenderse por todo el Tibet y las provincias chinas adyacentes. Más de cien personas murieron. El gobierno chino cerró a la prensa las zonas afectadas, expulsó a los periodistas extranjeros presentes llegando incluso a bloquear Youtube en China o a escanear los sms que llegaran o salieran de Tibet. Se orquestó una violenta y brutal campaña internacional de desprestigio contra el Dalai Lama.

Los sacerdotes católicos padre Zhang Jianlin y padre Zhangi, fueron arrestados el pasado mayo y se encuentran actualmente desaparecidos. Nadie conoce su paradero. Su delito: participar en una peregrinación católica al templo de Nuestra Señora de Shehan en Shanghai. La Iglesia Católica permanece proscrita en China y, como denuncia la Fundación Cardenal Kung de los treinta y cinco obispos católicos chinos todos y cada uno de ellos están en prisión, han desapaprecido o están bajo arresto domiciliario o bajo vigilancia. El Obispo de Zhending, Jia, ha pasado 18 de sus 74 años en la carcel.

En su carrera por conseguir medallas superando a los Estados Unidos y estableciendo su preeminencia mundial el Partido Comunista chino no ha dudado en separar a los atletas de sus familias sometiéndoles a entrenamientos inhumanos que ponen en riesgo su salud. El New York Times ha denunciado las insoportables presiones a las que se ven sometidos los favoritos para competir aun estando lesionados o, por poner sólo un ejemplo el enorme porcentaje de saltadores de trampolín con lesiones en la retina por los interminables, agotadores entrenamientos a los que se ven sometidos. Un 24%. Tampoco tiene los deportistas chinos la posibilidad de dejar el deporte si les resulta aburrido o doloroso o si simplemente quieren dedicarse a otra cosa. Wang Jenjun lleva diez años tratando de dejar el remo, en el que es medallista.

Mientras tanto, la contaminación del aire que se respira en Pekin supera tres veces la concentración considerada como segura por la OMS. Una combinación de falta de incentivos y corrupción ha minado todos los intentos por tener unos Juegos Olímpicos limpios.

China ha incumplido todas y cada una de sus promesas. Los Juegos saldrán mejor o peor en lo deportivo (y yo, qué no los pienso ver, me alegraré si no se bate un solo record) y en lo organizativo (varias delegaciones ya han anunciado que piensan llevar hasta su propia agua). En el sentido profundo de los Juegos, el que les quiso dar aquel liberal seguidor de Tocqueville que fue Pierre de Coubertin los Juegos han fracasado aun antes de ser inaugurados.

Los de Pekín son ya los juegos de la represión y la mugre.