Muchos de los lectores de
esta bitácora (no todos, como se puede ver en los comentarios) compartirán con los que la hemos creado buena parte de las razones que nos han llevado a hacerlo: la preocupación por los derechos humanos, el rechazo a una dictadura terrible como la china, la
vergüenza por la actitud de occidente, la indignación con los chupópteros del COI... Sin embargo, a la hora de la verdad se encontrarán con una duda: ¿qué puedo hacer yo, sencillo ciudadano medio de un país medio?
Pues bien, esta claro que nuestra capacidad de actuación es limitada, ni somos políticos ni
miembros del COI (¡y cómo lamentan esto último nuestros paladares y cuentas corrientes!), las grandes decisiones de la política internacional no están en nuestras manos, pero sí hay algunas pequeñas cosas que podemos hacer, pequeños gestos que no significarán un cambio radical pero que pueden contribuir a crear un poso y a que, en el futuro, las Olimpiadas del 2008 se recuerden como lo que realmente son: una vergüenza.
Aunque no lo parezca,
usted ya ha empezado a hacer esos gestos: visitar una bitácora como ésta es uno de ellos, seguramente el menos importante no crean que somos tan presuntuosos, pero también es una contribución. Más importante será que visite
webs como la de Amnistía Internacional, que está haciendo una muy interesante campaña desde hace varios meses, a la que usted puede
contribuir con su firma.
Reporteros Sin Fronteras se está destacando también en su oposición a los juegos y en la exigencia de libertad de expresión en China y de libertad a secas para los
muchísimos periodistas o internautas que están encarcelados en ese país por algo tan "terrible" como querer informar o informarse. Otras organizaciones como
Free Tibet utilizan internet para sus campañas y le facilitan
fórmulas para participar en ellas.
Y, por supuesto, hay que luchar la pequeña
batalla de la opinión pública de nuestro día a día: cargarnos con argumentos y convencer con ellos a nuestros amigos, a los compañeros de trabajo o a todos aquellos con los que podamos compartir una conversación. En las mismas páginas de las que ya hemos hablado encontrará
nombres, historias y argumentos con los que armarse dialécticamente (y esperemos que
Olímpico Desprecio también sirva para ello).
NO HACER EN LUGAR DE HACERPero lo más importante a nuestro alcance para luchar contra la vergüenza de los JJOO no es algo que podamos hacer sino algo que podemos no hacer, por así decirlo:
apague su televisor, cambie de canal o ponga la radio, haga lo que sea pero
no siga las retransmisiones televisivas de los Juegos.
Sí ya sé que es muy difícil y a mi también me esta costando, soy consciente de que les estoy pidiendo que no vean a la selección de baloncesto, a
Rafa Nadal, la que quizá sea la mejor final de los 100 metros de toda la historia o las muchas medallas que conseguirán los deportistas españoles... Les estoy pidiendo un esfuerzo importante, lo sé, pero os JJOO son antes que nada un grandísimo negocio, negocio que
se sustenta primordialmente en las multimillonarias audiencias televisivas. La contribución de un único individuo en un mar de miles de millones de telespectadores es insignificante pero, ¿y si entre todos lográsemos que la audiencia de la Olimpiada bajase un poquito? ¿O que se mantuviese o que, simplemente, no llegase a las cifras esperadas?
Sería la mejor forma de hacer recapacitar a instituciones como el COI o el todavía más patético COE, de hacerles entender que no todo vale, que si quieren seguir vendiéndonos su moto de la
fraternidad universal a través del deporte y hacer un buen negocio con ella deben tener cuidado con el escaparate que elijan. En esta ocasión ya hemos perdido la partida, pero quizá podamos lograr una victoria a largo plazo.
No tengo muchas esperanzas, la verdad, pero yo pondré mi doloroso granito de arena perdiéndome algunas cosas que me encantaría ver. Más doloroso es, al fin y al cabo, estar en la cárcel por expresarse en libertad y
más sufrieron y sufren las víctimas de Tiananmen.
Y usted ¿está dispuesto a un pequeño sacrificio?
PD.: Seguramente le dirán (o me dirán a mí) que no hay que mezclar política con deporte, responda que no es política, no es un problema de derechas e izquierdas, es un problema de derechos humanos. básicos.
La política es discutible, los DDHH no.