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Thursday, August 21, 2008

Olímpico reconocimiento


Cuando empezaron a arreciar las críticas hacia los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, el Comité Olímpico Internacional se defendió argumentando que no se debía mezclar el deporte con la política. Nos dicen que no nos preocupemos de lo que ocurre en China y que disfrutemos relajadamente desde nuestros sofás del espectáculo deportivo y lúdico de las olimpiadas.

A través del cuento Yo, un lápiz; Leonard E. Read nos muestra como una multitud de personas colaboran para lograr fabricar un producto. Son millares de personas que ni se conocen ni nunca han tenido contacto entre sí pero juntos logran fabricar un lápiz a pesar de que ninguno de ellos lo podría hacer en solitario. Todos colaboran sin tener en cuenta su color de piel, sus ideas políticas, su aspecto físico o incluso sus modales. Es muy probable que si se conocieran no se hicieran amigos ni quisieran tomar unas cañas juntos.

Y el consumidor cierra la cadena adquiriendo el lápiz si le resulta útil para su tarea y si tiene un precio adecuado. Cuando lo compra desconoce la raza, la religión, el sexo, la belleza o las ideas políticas de las miles de personas que han participado. ¿Siempre? No. Hay determinadas ocasiones en las que la moral del consumidor rechaza lograr una ventaja propia si es a costa del sufrimiento de otras personas. La ética personal de muchos hace que rechacen productos a pesar de ser más ventajosos y baratos si eso supone contribuir a una situación injusta.

Una de esas ocasiones se produjo durante el régimen del aparheid sudáfricano cuando sus productos fueron boicoteados debido a la discriminación real existente. Para la opinión público supuso un fuerte impacto conocer las condicionales laborales de las empresas textiles que fabricaban para grandes marcas como Nike. Esto supuso que las compañías occidentales se implicaran en la mejora de la situación de sus subcontratadas por temor a un descenso de las ventas.

Hay ocasiones en que no podemos cerrar los ojos ante la mano invisible sino que debemos preguntarnos con que colaboramos cuando compramos productos. Las ventajas que esa invisibilidad produce incentivando la mejora y la meritocracia mientras condena la discriminación, se torna en perjuicios si olvidamos el respeto a los derechos humanos.

¿Cómo podemos boicotear los juegos olímpicos? ¿No viendo sus retransmisiones o no comprando sus productos? No. La dictadura china hubiera seguido vendiendo sus productos aunque no hubiese albergado los juegos olímpicos. La celebración de las olimpiadas ha permitido que el problema del Tibet, de la censura de internet, de la persecución religiosa, la pobreza de las zonas rurales y la falta de libertad haya acaparado mucho más espacio en los medios de comunicación. Incluso este blog de denuncia de la situación China podría no haber existido.

Lo que busca el régimen despótico es reconocimiento internacional, y eso es precisamente lo que no les debemos dar. Hay que mostrar a los chinos, incluidos los que viven en el exterior, que no deben sentirse orgullosos por la realización de unos juegos que han costado mucho más de lo presupuestado o por una niña con la cara más redonda que otra. Podrán sentirse orgullosos y tendrán nuestro reconocimiento cuando logren que su país viva en libertad respetando los derechos humanos.

Tuesday, August 12, 2008

Samaranch y la politización de las Olimpiadas

En unas declaraciones al diario La Vanguardia de hace algunos meses, el presidente honorario del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch, dijo que era injusto utilizar los Juegos Olímpicos para castigar a China por asuntos políticos internos de ese país. Afirmó que “la política es la política y el deporte es el deporte. Y si hay quejas contra China que se lleven al foro adecuado a exponerlas”.

La verdad es que le tengo un sincero aprecio a mi paisano. Quizás sea porque el 17 de octubre de 1986, en Lausanne pronunció una de las frases más famosas y recordadas en mi ciudad: à la ville de… ¡Barcelona! Sin embargo, creo que peca de ingenuidad en sus declaraciones. O eso quiero creer…

La idea de que la política no participa en los Juegos Olímpicos no puede ser más inocente y estar más alejada de la realidad. Y es que lo político está presupuesto en los Juegos Olímpicos desde el mismo momento en el que intervienen los Estados. Y si tenemos en cuenta que las Olimpiadas las organizan, se llevan a cabo y participan los Estados, no cabe ninguna duda de que están irremediablemente politizadas de principio a fin. El aparato de compulsión y coacción lo hacen funcionar personas de carne y hueso, que no pueden dejar pasar estos grandes y espectaculares eventos para alcanzar sus propios fines.

Los poderes políticos no sólo necesitan y aprovechan estos eventos por los beneficios económicos que conllevan, sino principalmente para legitimarse. Esto es importantísimo, ya que un Estado no puede obtener obediencia simplemente mediante la represión. Incluso habiendo un partido único como es el caso chino (o precisamente por este motivo), éste debe controlar la opinión pública, ya que no puede sostenerse a largo plazo si sus políticas no son aceptadas por la mayoría de los gobernados. Debe conseguir que los ciudadanos/súbditos obedezcan sus órdenes sin necesidad de castigos ni recompensas.

La majestuosidad de la ceremonia inaugural cumple un papel de legitimación mediante la amplificación de la fantasía colectiva. La fantasía de que el individuo se debe a la nación; la fantasía de identificar a la nación con sus gobernantes; y finalmente, la fantasía de identificar a los gobernantes con los gobernados. En definitiva: más superstición colectivista y menos individuo.

Con estos intereses políticos no es de extrañar que se den continuos casos de corrupción, malversación de fondos y sobornos dentro del seno COI, como los que tuvo que hacer frente el propio Samaranch en 1999 debido a los escándalos de soborno a miembros de la junta directiva.

Además, conocemos casos históricos en los que los JJOO se han visto directamente alterados por motivos políticos. En 1980, Estados Unidos y algunos países del bloque occidental decidieron ausentarse de los Juegos de Moscú, en protesta por la invasión de Afganistán por parte de las tropas soviéticas. Cuatro años después, fueron la URSS y las naciones del Este de Europa las que optaron por boicotear los Juegos organizados por Estados Unidos en la ciudad de Los Ángeles. Otros países, como Cuba y Sudáfrica, tampoco participaron en las citas olímpicas durante mucho tiempo por razones de índole político.

Podemos preguntarnos si el denominado “Movimiento Olímpico” tiene que ver con aquel soñado por el barón Pierre de Coubertin, pero de lo que no hay duda es que la lógica y la historia nos demuestran que es imposible separar los Juegos Olímpicos de la política. Como mínimo, mientras la forma histórica de lo político siga siendo el Estado.

Monday, August 11, 2008

El lema olímpico







Aunque las estadísticas sobre las penas de muerte en China son secreto de Estado, se estima que en el país organizador de los Juegos de la Vergüenza se ejecuta a unas 7.500 personas cada año por diferentes motivos. Los fusilamientos de las imágenes corresponden a la represión en el Tibet.

Sunday, August 10, 2008

¿Y yo qué puedo hacer?

Muchos de los lectores de esta bitácora (no todos, como se puede ver en los comentarios) compartirán con los que la hemos creado buena parte de las razones que nos han llevado a hacerlo: la preocupación por los derechos humanos, el rechazo a una dictadura terrible como la china, la vergüenza por la actitud de occidente, la indignación con los chupópteros del COI... Sin embargo, a la hora de la verdad se encontrarán con una duda: ¿qué puedo hacer yo, sencillo ciudadano medio de un país medio?

Pues bien, esta claro que nuestra capacidad de actuación es limitada, ni somos políticos ni miembros del COI (¡y cómo lamentan esto último nuestros paladares y cuentas corrientes!), las grandes decisiones de la política internacional no están en nuestras manos, pero sí hay algunas pequeñas cosas que podemos hacer, pequeños gestos que no significarán un cambio radical pero que pueden contribuir a crear un poso y a que, en el futuro, las Olimpiadas del 2008 se recuerden como lo que realmente son: una vergüenza.

Aunque no lo parezca, usted ya ha empezado a hacer esos gestos: visitar una bitácora como ésta es uno de ellos, seguramente el menos importante no crean que somos tan presuntuosos, pero también es una contribución. Más importante será que visite webs como la de Amnistía Internacional, que está haciendo una muy interesante campaña desde hace varios meses, a la que usted puede contribuir con su firma.

Reporteros Sin Fronteras se está destacando también en su oposición a los juegos y en la exigencia de libertad de expresión en China y de libertad a secas para los muchísimos periodistas o internautas que están encarcelados en ese país por algo tan "terrible" como querer informar o informarse. Otras organizaciones como Free Tibet utilizan internet para sus campañas y le facilitan fórmulas para participar en ellas.

Y, por supuesto, hay que luchar la pequeña batalla de la opinión pública de nuestro día a día: cargarnos con argumentos y convencer con ellos a nuestros amigos, a los compañeros de trabajo o a todos aquellos con los que podamos compartir una conversación. En las mismas páginas de las que ya hemos hablado encontrará nombres, historias y argumentos con los que armarse dialécticamente (y esperemos que Olímpico Desprecio también sirva para ello).

NO HACER EN LUGAR DE HACER
Pero lo más importante a nuestro alcance para luchar contra la vergüenza de los JJOO no es algo que podamos hacer sino algo que podemos no hacer, por así decirlo: apague su televisor, cambie de canal o ponga la radio, haga lo que sea pero no siga las retransmisiones televisivas de los Juegos.

Sí ya sé que es muy difícil y a mi también me esta costando, soy consciente de que les estoy pidiendo que no vean a la selección de baloncesto, a Rafa Nadal, la que quizá sea la mejor final de los 100 metros de toda la historia o las muchas medallas que conseguirán los deportistas españoles... Les estoy pidiendo un esfuerzo importante, lo sé, pero os JJOO son antes que nada un grandísimo negocio, negocio que se sustenta primordialmente en las multimillonarias audiencias televisivas. La contribución de un único individuo en un mar de miles de millones de telespectadores es insignificante pero, ¿y si entre todos lográsemos que la audiencia de la Olimpiada bajase un poquito? ¿O que se mantuviese o que, simplemente, no llegase a las cifras esperadas?

Sería la mejor forma de hacer recapacitar a instituciones como el COI o el todavía más patético COE, de hacerles entender que no todo vale, que si quieren seguir vendiéndonos su moto de la fraternidad universal a través del deporte y hacer un buen negocio con ella deben tener cuidado con el escaparate que elijan. En esta ocasión ya hemos perdido la partida, pero quizá podamos lograr una victoria a largo plazo.

No tengo muchas esperanzas, la verdad, pero yo pondré mi doloroso granito de arena perdiéndome algunas cosas que me encantaría ver. Más doloroso es, al fin y al cabo, estar en la cárcel por expresarse en libertad y más sufrieron y sufren las víctimas de Tiananmen.

Y usted ¿está dispuesto a un pequeño sacrificio?

PD.: Seguramente le dirán (o me dirán a mí) que no hay que mezclar política con deporte, responda que no es política, no es un problema de derechas e izquierdas, es un problema de derechos humanos. básicos. La política es discutible, los DDHH no.

Saturday, August 9, 2008

Mao

Ha sido impresionante la llegada de la antorcha olímpica, la del antiguo fuego sagrado, que simbólicamente transmite los valores de juego limpio y concordia entre pueblos. Porque la presidía El Gran Timonel, el ejecutor del Gran Salto Adelante, promotor de la primavera de las Cien Flores, inspirador y alma de la Revolución Cultural. Como simbolo de la hipocresía más atroz no está nada mal. Llega la antorcha bajo la mirada tranquila del que llevó a la muerte a 20 000 000 de chinos en el más criminal proyecto de ingeniería social de la historia de la humanidad; del que se burló con sangre de la creatividad del pueblo chino; del que arrasó el patrimonio cultural material y humano de milenios.


El régimen chino se ha abierto al exterior. Económicamente al menos. El cambio de rumbo es la enésima refutación del comunismo: no funciona y si funciona es por lo que de comunista va dejando por el camino. Sin embargo, siguen con lo que a la larga es lo peor de esa ideología, la falsificación de la realidad, la sistemática manipulación. Y el mantener a Mao como ejemplo y símbolo del país lo demuestra. Los símbolos no son inocentes. Menos con los comunistas, que no tienen nada más que símbolos apuntalando su poder, a su vez apuntalados por la censura y la represión. Es muy caro en libertades y dinero no tener otra memoria que la escrupulosamente falsificada. Por esto me resulta alucinante que no haya puesto camino de su casa a más de una delegación la estampa de la efigie de un asesino presidiendo la llegada del simbolo de la concordia. Al menos algunos se han retratado, Bush y Sarkozy exigiendo derechos humanos y Zapatero el alianzado callando, con su escudera y el nuevo PP haciendo callar.

Ha habido protestas, extranjeros protestando, por lo del Tíbet y alguna minucia más del estilo de la libertad de prensa. Los han largado del país. ¡Eso es una mejora! no hace mucho que han muerto a extranjeros por la causa. La desmemoria es obligatoria (nadie sabe nada de los sucesos de la plaza de Tiananmen ¡cuánto menos de los más antiguos!). Sigue habiendo tortura... Es la deducción precisa del hecho de que todavía rinden culto a un asesino. El hecho abrumador de poner como inspiración a un asesino es la estricta causa de cualquier atropello.

No será creíble el cambio en China hasta el día que no abjuren de Mao, de uno de los mayores asesinos de la historia. Mejor dicho, mientras no quiten a ese criminal del panteón de santones del régimen, los cambios, empezando por los económicos, serán perfectamente reversibles, con Juegos Olímpicos o sin ellos, da igual.