Wednesday, August 27, 2008

Olímpico Desprecio se despide de ustedes

Bueno, pues ha llegado el momento de que este blog les diga adiós, tres semanas después de su creación Olímpico Desprecio pasará al limbo de los justos (creo que es el de los justos) y cerrará sus puertas a nuevos contenidos y a nuevos comentarios. Quedará, eso sí, expuesto en la red, como recordatorio de la realidad que ha querido denunciar y como muestra de que al menos alguien tuvo la decencia de decir algo de lo que se tenía que decir al respecto.

No hemos sido los únicos, desde luego, pero sí hemos sido los menos y hemos tenido que nadar contra una corriente en la que ya me habría gustado ver a Phelps.

Han sido 20 días, 34 post y casi 350 comentarios. OD ha sido enlazado más de 50 veces desde bastantes blogs diferentes de distintas tendencias, ha aparecido en Libertad Digital y en la edición on line de La Vanguardia, y ha alcanzado las 10.000 páginas vistas y superado las 6.200 visitas. ¿Un éxito? No lo sé, creo que se trata de un impacto razonable para una iniciativa como esta que, además, ha desarrollado su corta vida durante el mes de agosto, el peor para las audiencias de internet. En suma, creo que no ha pasado completamente desapercibido, y eso justifica el esfuerzo que le hemos dedicado.

Llega el momento de los agradecimientos, que no son pocos: por supuesto a los miles de lectores que han acompañado a OD en su andadura, a los tenaces comentaristas que le han dado vida, a aquellos que nos han enlazado desde sus propias bitácoras, a los que nos han mandado correos de apoyo (que nos ha sido imposible responder, lo sentimos) y, obviamente, a todos los que han contribuido con su esfuerzo y sus artículos a que esto fuese posible.

Y no terminar podemos terminar sin recordar al pueblo chino, más de mil millones de seres humanos oprimidos por una dictadura feroz que decide dónde deben vivir, con quién se tienen que casar, qué trabajos pueden hacer, los hijos que pueden tener... y hasta qué deben pensar y sentir. Sabemos que nuestro esfuerzo poco les alivia a ellos, pero lo daremos por bueno si hemos ayudado a alguien a comprender que, más allá del país en el que vivan, su historia y sus tradiciones, más allá del color de su piel o el idioma que hablen, todos los seres humanos tienen derecho a la libertad de la que nosotros disfrutamos.

Ha sido un placer, hasta siempre.

Monday, August 25, 2008

El verdadero rostro de los Juegos


Cuando empezamos a preparar y editar Olímpico Desprecio creo que ninguno de nosotros esperaba que la dictadura china fuese tan burda como para cometer algunos de los errores propagandísticos que ha cometido; al fin y al cabo, la propaganda era lo más importante de estos Juegos para ellos y lo lógico es que la cuidasen hasta el más nimio detalle. Pero bien sea porque el poder absoluto hace a quien lo ostenta creerse más listo de lo que realmente es, bien porque después de tantos años de dictadura comunista se pierde el norte de lo que es moral y lo que no lo es, las autoridades chinas nos han revelado su verdadero rostro, el verdadero rostro de los juegos, con el ridículo cambiazo de niñas de la ceremonia de apertura.

Así, aunque ha habido gestas deportivas realmente impresionantes e históricas, yo y muchos no recordaremos estos juegos por las maravillas de Bolt en la pista o Phelps en la piscina, sino por la pobre Yang Peiyi cantando entre bastidores mientras su rostro se ocultaba "por el bien de la patria" y era la cara de Lin Miaoke, tan bonita ella, la que centenares de millones de telespectadores veían en las pantallas.

Me dirán muchos que tampoco hay que darle tanta importancia a lo que no es más que un detalle de una inmensa ceremonia dentro de un acontecimiento todavía más inmenso, pero yo creo que en muchas ocasiones en los detalles está el significado profundo de las cosas. De China y su régimen se podrían decir mucho (de hecho, mucho se ha dicho ya en este blog que se acerca a su fin) que son terriblemente más graves que se cambie a una niña "fea" por otra "guapa" en un show, pero pocas son tan simbólicas como ese cambio.

Porque es un cambio que simboliza, como pocos, el uso masivo de la mentira, del engaño, la construcción de una fachada de apariencias tras la que se esconden los dientes desparejados y los mofletes gordos de la sociedad comunista; porque es un cambio que simboliza, como pocos, el nulo respeto al individuo, a los seres humanos que son, simplemente, "usados"; porque es una trampa hecha con las personas por definición más desprotegidas, los niños, los que más necesitan del apoyo de los adultos y aquellos en los que se han de transmitir los valores de lo que queremos que sea nuestra sociedad futura; y porque, además, se trata de niñas, las grandes perjudicadas de la política eugenésica del régimen, una política que ha llenado su país de fetos abortados y nuestras calles de niñas chinas que fueron abandonadas a la suerte de que una pareja occidental las sacase del infierno.

Pero lo más simbólico de todo es que Yang Peiyi, cuyo rostro vergonzante había de ser ocultado, no es un monstruo desfigurado sino una niña normal y corriente, a la que las fotos muestran incluso mona y con una cara muy simpática; una ricura, vamos, poseedora además de una voz excepcional. Es una niña, en resumen, de la que todo padre se sentiría orgulloso, pero que no alcanzaba los estándares que requiere "el hombre nuevo", la sociedad perfecta que el PCCh lleva décadas instaurando a sangre y fuego, el fuego de la más atroz de las dictaduras y la sangre de decenas de millones de sus compatriotas.

No, el rostro de estos Juegos no es la cara un poco de paleto de Phelps, ni la de Bolt con sus muecas y sus zapatillas doradas; el rostro de estos Juegos es el de Yang Peiyi, con su voz escondida que nos dice: todo es mentira, todo es una grosera y sangrienta mentira.

Sunday, August 24, 2008

La tragedia de la política eugenésica china

Hoy concluyen los Juegos Olímpicos de la Vergüenza. El régimen chino volverá a asombrar a medio mundo con un espectacular acto de clausura, ejecutado al más puro estilo militar, tal y como aconteció en la celebración de apertura. Sin embargo, una vez que se apaguen los focos y la atención de los medios internacionales se desvíe hacia otros lugares y acontecimientos, más de 1.300 millones de chinos continuarán con sus vidas bajo el férreo control del gobierno comunista.

La parodia ha llegado a su fin y ninguno de los principios y valores que dice defender el Comité Olímpico Internacional (COI), centrados en la defensa de los derechos humanos, será tenido en cuenta por el Estado totalitario chino. Y es que el control gubernamental se extiende hasta límites insospechados, traspasando los propios de una economía planificada y llegando a inmiscuirse en las relaciones íntimas y familiares de los individuos.

Es el caso de la denominada eugenesia y la política de control demográfico, que durante las últimas décadas se ha cobrado la vida de millones de niños ocultos bajo el manto del anonimato, gracias a la impermeabilidad informativa que impone el régimen. El Gobierno se vanagloria de su política de un solo hijo. Una medida que, incluso, ha sido aplaudida por determinados sectores en occidente con el fin de limitar el crecimiento de la población china.

¿Cómo reaccionaría usted si el Estado le prohibiera reproducirse o contraer matrimonio con quien desee? Sin duda, una medida de estas características sería tildada de fascista y opresora. Pues esta es, precisamente, la realidad que tienen que sufrir cientos de millones de familias que viven bajo el yugo de la República Popular. A finales de los años 70, el Gobierno impuso la ley de un hijo por familia para limitar un aumento demográfico que, según muchos, sería “insostenible”. Término éste último que, por cierto, se emplea mucho hoy en día para referirse a la defensa del medio ambiente mediante la “necesaria” limitación del desarrollo económico.

Sus efectos han sido trágicos. La anticoncepción y el aborto son las piedras angulares de esta ley. El régimen aplica, además, amplios programas de esterilización obligatoria bajo excusas médicas o la implantación de dispositivos intrauterinos. El infanticidio también es algo corriente entre la población.

Muchos padres de familia se ven obligados a escoger entre tener un hijo varón, que los sostendrá a ellos en su vejez, o una hija, que contraerá matrimonio en el futuro y vivirá fuera de casa con su marido. Como resultado, se ha extendido el repudio hacia las niñas chinas. Muchas de ellas son asesinadas o abandonadas en las calles, en caso de que la madre no haya podido interrumpir antes el embarazo mediante el aborto.

Quienes no acatan la norma de un solo hijo reciben cuantiosas multas, son sometidos a la confiscación de bienes e, incluso, al despido de su trabajo. En la actualidad, se calcula que China carece de cerca de 30 millones de mujeres aptas para el matrimonio. ¿Se imaginan un país como España formado tan sólo por varones?

A ello se añaden importantes consecuencias económicas. La población china envejece por momentos ante la falta de niños. Según un informe del banco de inversión Goldman Sachs sobre esta materia, China se verá abocada a un importante desequilibrio poblacional en las próximas décadas. El denominado ratio de dependencia (suma de personas demasiado jóvenes y demasiado mayores para trabajar dividida entre la población activa del país) rondará el 50 por ciento en 2030, frente a menos del 40 por ciento en estos momentos. Para 2050, cada 10 trabajadores chinos comprendidos entre los 15 y 64 años estarán manteniendo a siete niños y personas mayores. Es decir, un ratio de dependencia próximo al 70 por ciento.

¿Resultado? La renta per cápita de los ciudadanos se verá seriamente limitada, al tiempo que el sistema de jubilación se verá abocado a la quiebra. No habrá suficiente mano de obra para mantener a un creciente número de personas inactivas. Los chinos que nacieron antes de 1979, cuando pasaron a engrosar la población activa en la década de 1980 y 1990, tenían menos jóvenes dependientes que cuidar que las generaciones anteriores. Este incremento de la población activa en relación con el resto de la población, contribuyó en un 15 por ciento al crecimiento económico del país desde 1982 a 2000, según los cálculos de Naciones Unidas. Sin embargo, dicho ratio entrará a partir de ahora en déficit debido al escaso número de jóvenes y las restricciones migratorias que el Gobierno aplica sobre la población rural.

Según el censo oficial chino, cada mujer tiene 1,2 hijos, mientras que la tasa de fertilidad ascendía a 2,7 en la década de los 70. Por último, el régimen comunista aprobó la denominada ley china de Salud Maternoinfantil, que entró en vigor en 1995. Se trata de una norma eugenésica destinada a que tan sólo puedan procrear los “mejores hombres y mujeres chinos”. En esencia, esta medida consiste en eliminar a todos aquellos niños que nazcan con algún tipo de tara o defecto, tanto físico como mental. Los discapacitados han de ser sacrificados por del “bien común” de la República.

Artículo 16: Si el médico diagnostica una enfermedad genética grave (entiéndase dolencias genéticas, determinadas enfermedades infecciosas, trastornos mentales y defectos físicos) a una pareja casada en edad de procrear o sospecha que la padece, brindará a dicha pareja la asistencia médica necesaria, y ésta adoptará las medidas prescritas por el facultativo. Es decir, aborto obligatorio.

Artículo 10: Después de practicar el examen premarital (obligatorio para todas las parejas chinas), los médicos darán a los contrayentes las explicaciones del caso y la asistencia necesaria si se ha diagnosticado una enfermedad genética grave que, desde un punto de vista médico, los torne inaptos para procrear. Así, sólo podrán contraer matrimonio si ambos aceptan adoptar medidas anticonceptivas de larga duración o someterse a una operación de esterilización.

Así se las gasta el Gobierno comunista. El baluarte este año del denominado “espíritu olímpico” que, en teoría, se levanta sobre la defensa de los derechos humanos. Espero, al menos, que hayan disfrutado de esta vergonzosa farsa.

POR MANUEL LLAMAS FRAGA

Carla Bruni desafía a China





Y la República comunista protesta

Saturday, August 23, 2008

Fernando Savater, deportista olímpico


Propongo un nuevo deporte olímpico: denunciar la dictadura china, denunciar a los ''demócratas'' que hacen negocios con los regímenes que pisotean los derechos humanos y sobre todo denunciar a la mafia de aprovechados y vividores que hoy saquean desde sus despachos el maltratado espíritu olímpico que tal vez nunca existió.

Fernando Savater, La villa(nía) olímpica


Entre dictadores anda el juego

Si el Gobierno y el Estado chino no destaca por el respeto a los Derechos Humanos de sus ciudadanos -que en el fondo trata como súbditos que deben rendir pleitesía a un Partido y unos gobernantes que no han abandonado los usos y abusos de la era imperial-, tampoco destaca cuando observamos con atención su política internacional, cuando observamos quiénes son y quiénes no son amigos del estado chino.

La excusa del desarrollo económico ha servido a China para iniciar una política de alianzas con algunos de los gobiernos más corruptos del planeta. No estoy hablando sólo de su relación con Corea del Norte, uno de los regímenes más infectos que padecemos; estoy refiriéndome a dictaduras que llevan décadas manteniendo el continente africano en un estado permanente de miseria económica y moral; estoy hablando del apoyo al régimen genocida que gobierna (es un decir) Sudán; estoy hablando de países como Birmania, cuyos ciudadanos hace 20 años demandaron libertad y democracia, mientras que sus gobernantes, pese a la presión interior o exterior, mantienen una dictadura inmoral e ilegal.

Resulta evidente que el COI no quiere o no puede ver este tipo de alianzas a la hora de elegir una sede para sus fastuosos Juegos Olímpicos. Parece ser que el negocio es el negocio y el dinero no hiede cuando llega a las arcas olímpicas.

Precisamente, Juan Antonio Herguera Torres, editor del blog “Birmania Libre” nos ha remitido un interesante artículo de cómo China mantiene vivo el régimen birmano y cómo existe una sombría relación entre los Juegos Olímpicos, Birmania y China.

Entre dictadores anda el juego

Autor: Juan Antonio Herguera Torres

Este artículo quiere llamar la atención sobre un pequeño y precioso país asiático llamado Birmania, el cual aparece y desaparece de las televisiones según ocurren y se apagan las desgracias, como la rebelión azafrán de septiembre de 2007 o el ciclón Nargis de mayo de 2008. También pretende dar a conocer la relación, aparentemente sorprendente, que hay entre China, los JJ.OO. y Birmania.

Relación de China con Birmania: protección

Birmania, ahora llamada Myanmar, sufre una brutal dictadura militar (algunos, sin razón, dicen que es comunista) desde hace 60 años. Uno de los pocos protectores de esta dictadura es China el cual hace uso de su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para parar toda acción o resolución que la ONU adopte en pro de la democracia birmana. Los dictadores chinos apoyan a los dictadores birmanos principalmente por razones económicas. China es el país que más productos exporta a Birmania; además, de allí extrae piedras preciosas y petróleo, cada vez más necesario, por lo que están construyendo un oleoducto entre ambos países.

Últimamente la situación del Tibet ha vuelto a salir a los medios de comunicación; como ya pasó en septiembre en la propia Birmania. Tiene que haber revueltas, represión visible, disparos y muertes para las televisiones den la noticia. Una dictadura, no es noticia; una dictadura que reprime, detiene, tortura y asesina tampoco es noticia; una dictadura que reprime, detiene, tortura y asesina delante de una cámara... ésto sí es noticia.

China es una dictadura que, además, apoya a otras dictaduras; y quiere celebrar los Juegos Olímpicos este año. Y el "mundo civilizado" se lo permite. ¡Qué triste!

Relación de los JJOO de Pekín con Birmania: el 8

El 8, dicen, es un número de buena suerte en Asia. Esa es la razón por la que los dictadores chinos eligieron el 8 de agosto de 2008 para realizar la Ceremonia de Inauguración de Pekín 2008.

Pero el 8 es un número con otro significado, más doloroso, en Birmania. El 8 de agosto de 2008 se conmemoró un hecho que aconteció hace 20 años: el 8 de agosto de 1988 ejército del pueblo birmano mató a más de 3.000 birmanos que protestaban pacíficamente para pedir reformas democráticas. Resulta paradójico que todo ocurriera justo un año antes de la matanza de Tian'anmen, que todo el mundo recuerda.

Hace 20 años algunos de nosotros apenas sabíamos qué había más allá de nuestro barrio o nuestra ciudad. Al mismo tiempo, en la otra punta del mundo, un pueblo entero marchaba protestando, pidiendo democracia.

En Birmania, en 1988 -al igual que sucedió en septiembre de 2007- los problemas económicos y la opresión política produjeron malestar en la población; esta situación desembocó en una serie de protestas pro-democráticas conocidas como el levantamiento 8888. La situación estalló el 8 de agosto de 1988 cuando el ejército mató al estudiante Phone Maw en frente del Rectorado de la Universidad de Rangún. A losestudiantes se les unieron rápidamente civiles, monjes e incluso soldados. Ne Win, que gobernaba con mano de hierro desde 1962, dejó claro a los soldados que había que disparar a matar: "las armas no están para disparar al cielo". El ejército aplastó a losmanifestantes matando a miles de ellos; las cifras reales nunca se supieron -y nunca se sabrán- pero se habla de más de 3.000 muertos; el gobierno reconoció apenas unos cuantos. Al igual que en Tian'anmen.

La rebelión finalizó con el golpe de estado del General Saw Maung, quien instauró la Ley Marcial y prometió elecciones libres. Durante estas protestas de entre los birmanos surgió una persona, un icono: Daw Aung San Suu Kyi, hija del héroe nacional Aung San, quien liberó a los birmanos de los colonialismos británico y japonés. Estos hechos se narran en la película “Más allá de Rangún”. Finalmente las elecciones libres prometidas tuvieron lugar en 1990; el partido que fundó Suu Kyi, la “LigaNacional para la Democracia”, arrasó en las urnas. Los militares nunca reconocieron los resultados.
Han pasado 20 años y siguen marchando. Los birmanos protestaron el 8/8/08 ante las embajadas y consulados birmanos en todo el mundo (en España no hay). Realizaron concentraciones de recuerdo del 8/8/88; e incluso protestas simbólicas en la propia Birmania, que supusieron más detenciones. Nada de esto se ha visto en los telediarios.

Dejad que los niños se acerquen a las Olimpiadas


Una de las normas de la Federación Internacional de Gimnasia(*) establece que la edad mínima para participar en unos JJOO es de 16 años. Sin embargo, el Comité Olímpico chino haciendo alarde de su falta de respeto por las normas, presentó una gimnasta de 14 años, He Kexin, con elviejo truco de falsificar el pasaporte olímpico, en el que la edad que aparecía era, por supuesto, 16 años. Como diría Nicholas van Orton, esto sí que es un cuento chino.

Pero sucedió que He Kexin ganó el oro en paralelas asimétricas y saltó la alarma en forma de rumor. Cuando el COI empezó a investigar la pruba que presentó el comité chino fue el pasaporte olímpico, y ninguno más. Así que el COI decidió dejarlas cosas como estaban.

Sin embargo, un inquieto hacker decidió comprobar la edad de la niña y...¡lo consiguó!

En sus dos exhaustivos posts Hack the Olympics! y Olympics Hacking Part II: Let's Go for the Gold! demuestra que He Kexin tiene 14 años y no 16.

¿Conclusiones?
En primer lugar, la absoluta falta de respeto a las reglas del juego por parte del Comité Olímpico chino, que en vez de dar la cara y resolver las cosas como debe ser, exigiendo responsabilidades a quien corresponda, ha ocultado deliberadamente los datos de la gimnasta.
En segundo lugar, la falta de escrúpulos quienes han manipulado a una niña que ahora tiene 14 años, pero que cuando empezó a entrenarse para los JJOO tendría alguno menos, para que mienta de cara al mundo sobre su edad.
Es claro el respeto por los derechos humanos y por la infancia que existe en este país, adalid de las libertades, que se mofa de la comunidad internacional por segunda vez, primero poniendo ante las cámaras a una niña sin talento musical pero "sin mofletes", y ahora mintiendo descaradamente sobre la edad de la pequeña gimnasta.
En tercer lugar, la censura china que impide acceder a los datos que, gracias a un espabilado hacker se han conseguido finalmente.

Habrá que prestar atención a la reacción del COI. Se ha reabierto la investigación ¿Seguirá mirando al techo y tragando cualquier cosa que China quiera que acepte?

(*) Gracias a Eigen que en un comentario me ha informado del error inicial.

Friday, August 22, 2008

Mezclar política y deporte

La principal defensa tanto del Comité Olímpico Internacional como de algunos críticos de este blog (personajes algo menos importantes que el COI, pero de mucha mayor presencia en esta página) para ahogar las críticas a la celebración de los Juegos Olímpicos en una dictadura totalitaria como es la china, es la de no mezclar política y deporte. Una crítica que tiene algo de sentido, y que por eso mismo merece la pena abordar con un poco más de detalle.

No es infrecuente que las dictaduras, especialmente las totalitarias, empleen el deporte con fines políticos. Al fin y al cabo, resulta una forma relativamente barata de demostrar su superioridad sobre las naciones decadentes y capitalistas, y nadie puede protestar, porque nadie puede protestar, de que se estén dilapidando recursos con este fin que serían más necesarios para, no sé, evitar que la gente se muera de hambre. De ahí que resulte natural intentar separar deporte de política, y la obsesión de unirlos huela mal.

Desgraciadamente, en este caso no resulta aplicable esta regla, por lo general bien sana. No porque los atletas compitan por sus países, sino por aquello que se ha dado en llamar el "espíritu olímpico", que ha asociado los Juegos con una cierta idea de hermandad y amistad universales entre los pueblos. La idea de que las naciones competirían entre sí en pruebas deportivas y no mediante las armas, pese a resultar una tontería para cualquiera que sepa por qué hay guerras en el mundo, ha quedado grabada en la mente de quienes contemplan los Juegos, siendo además promovida por el COI. Y esa es una idea esencialmente política.

A nadie le importaría un carajo que se celebrara un Mundial de Fútbol en China, porque esa competición no tiene asociada ninguna carga extradeportiva. Pero los Juegos sí. Intentar ahogar las críticas a la celebración de los Juegos en Pekín aduciendo que no se debe mezclar política y deporte carece de sentido cuando desde su misma génesis los Juegos Olímpicos tienen un elevado trasfondo político, de lo más buenista, que se contradice con la cruda realidad de la falta de libertades existente a las puertas de la Villa Olímpica.

POR DANIEL RODRÍGUEZ HERRERA

El telón de seda

Los Juegos Olímpicos de Pekín son la única obra que se inaugura echando el telón. La verdadera función consiste en un acto de propaganda pura y dura, a la que se ha prestado el mundo del deporte. Sí, en China se violan los Derechos Humanos, pero el deporte, se nos dice, debería estar por encima de estas cuestiones y "servir como vía de entendimiento entre los pueblos", que parece que los males de la inanidad y la cursilería siempre tengan que ir juntos.

El espectáculo de la inauguración de los Juegos, tan grandioso como tramposo, precedió al discurso de Jacques Rogge, el presidente del Comité Olímpico Internacional, durante el cual llamó a todo el mundo a "respetar" las diferencias políticas. Con ello no se refería al respeto por las opiniones que en conciencia puedan tener los ciudadanos, sino al respeto a los sistemas que, como el Chino, hacen de la represión de las conciencias su pan diario.

China se vale del olimpismo para transmitir la impresión de que es una gran potencia y de que en el país de dimensiones continentales reina la paz y la armonía. Respaldado por los innegables éxitos económicos asociados a su apertura al exterior y a las reformas, el régimen se presenta al mundo como una alternativa válida. No es la China del Gran Salto Adelante, ni la de la Revolución Cultural ni la Rusia de los Soviets, pero tampoco es un país liberal con respeto a los derechos del individuo.

"Otro mundo es posible y aquí estamos para demostrarlo", parecen querer decir.

De hecho, parece que sea la propia China la única que tenga una idea clara sobre de qué va esto de los Juegos de Pekín. No tienen reparo alguno en valerse de su calidad de anfitriones para salarse las normas o violarlas a gusto con tal de llevar a sus atletas lo más alto posible en el medallero; cualquiera que esté siguiendo mínimamente estos Juegos se dará cuenta de ello. Especialmente sangrante fue la competición de gimnasia femenina, ya que se saltaron claramente el límite de edad mínima para competir.

Si los propios chinos tienen tan claro qué es el olimpismo para ellos, ¿a qué viene la actitud de los países occidentales de mirar para otro lado y seguir el guión escrito por el régimen asiático y el COI de que esto no es más que una competición deportiva? ¿Por qué no se le ha hecho la vida imposible al Gobierno chino estas semanas, al igual que éste, contra todas las promesas vertidas falazmente por los medios occidentales, sigue haciéndole la vida imposible a los disidentes? Ya que China utiliza el escaparate olímpico, ¿por qué no también el resto de países y cada atleta individualmente para denunciar la olímpica opresión?

No hay que ser un experto en política internacional para saber cómo se las gastan en China. La revista Foreign Affairs ha sintetizado las diez peores leyes del régimen que, explicadas sucintamente, son a su juicio estas:

1) Artículo 105 del Código Penal, que criminaliza "la organización, las intrigas o los actos para subvertir el poder político" y "la incitación a la subversión del poder político del Estado y la eliminación del sistema socialista por medio de la propagación de rumores, la difamación u otros medios".

2) El Hukou, o servidumbre domiciliaria. Los avances sociales del socialismo llegan hasta el siglo V antes de Cristo, cuando se comenzó a implantar este sistema, por el cual el Estado clasifica a los ciudadanos en función de su lugar de residencia o su status socioeconómico, lo que se hereda de padres a hijos. Este servilismo le permite controlar a la población rural y que no acuda en masa a las ciudades, entre otras ventajas.

3) Internet, para los capitalistas. Aquí, como debe quedar claro para el que lea el Código Penal recién citado, no hay sitio, ni siquiera virtual, para "dañar la dignidad y los intereses del Estado".

4) Partido único.

5) Nueva ley de derechos de propiedad. Es un paso adelante, este de verdad, como ya he escrito en algún sitio. Pero está básicamente vacío de contendio, porque no está respaldado por un sistema judicial independiente. Además (como la Constitución española), permite la expropiación a voluntad del Estado.

6) La religión registrada. Las organizaciones religiosas no podrán hacerle la competencia a la impuesta por el PPCh.

7) Sindicato único. La rama de control de los trabajadores al servicio del Estado.

8) Artículo 4 de la Ley de Seguridad del Estado, que es una puesta al día de la primera ley citada en este repaso. Todos los acusados por violar este artículo (el 99 por ciento) resultan condenados.

9) Ley de Protección del Consumidor. No es que crea yo que hace falta ninguna, pero Foreign Affairs señala su arbitrariedad, nada bueno ni para consumidores ni para empresas.

10) Ley de Respuesta a las Emergencias. La gestión pública tiende al desastre y cuando hay que actuar frente a una catástrofe, con lo que exige de coordinación y rapidez, esa gestión se suma a la catástrofe. Esta ley busca el control de la información para que el previsible desastre no devenga en críticas.

La selección bien podría haber sido más significativa. Y aún así, ninguna norma, por muy totalitaria (progresista, dirán algunos) que sea, puede captar la esencia del poder concentrado en un gobierno como el chino, porque cuando le convenga siempre puede ir un poco o un mucho más allá.

De todo esto se podría haber hablado estas semanas de bellas competiciones olímpicas. El teatro olímpico, que está al servicio de la propaganda del régimen, se podría haber tomado por quienes aún valoran los derechos de las personas, su libertad. Pero parece que todos han saltado olímpicamente.

POR JOSÉ CARLOS RODRIGUEZ

Thursday, August 21, 2008

El que no respeta a los vivos tampoco respeta a los muertos

153 personas se dejaron ayer la vida en el trágico accidente de Barajas, los atletas españoles que están disputando en Pekín las competiciones olímpicas estarán, supongo, tan conmocionados como estamos todos los demás. Ellos, los atletas, tienen que sobreponerse a las circunstancias terribles y a su propio dolor y, también en esto como a nosotros, no les queda otro remedio que trabajar, que en su caso es competir.

La diferencia es que a la mayoría de nosotros nuestro trabajo no nos expone a la luz pública, como a ellos, ni nos da la oportunidad de rendir un sencillo homenaje que ellos, como personas con una especial proyección estos días, sí tenían la posibilidad de rendir de cara a todo el mundo. Pero el COI y los organizadores de estas Olimpiadas de la Vergüenza no se lo han permitido: ni ha sido posible que nuestra bandera ondease a media asta en la Villa Olímpica ni se está permitiendo a nuestros atletas competir con un brazalete negro.

Supongo que, como a mí, la decisión les habrá provocado a muchos de ustedes dos sentimientos sentidos con singular fuerza: sorpresa e indignación. El segundo es más que razonable (si es que todavía nos quedan reservas de indignación para los gerifaltes chinos y los del COI); el primero, muy comprensible en estas circunstancias, tiene menos razón de ser: el que no respeta a los vivos (y los esclaviza y los oprime y los encarcela y los masacra) difícilmente podrá respetar a los muertos.

Aquel que tiene a las personas como mero instrumento de su poder o de su negocio no podrá sentir por los muertos algo más de lo que siente por los vivos. No, no debería sorprendernos, pero eso sí: una vez más el COI y el PCCh nos dan la justa medida de lo que son: una gentuza despreciable y sin sentimientos.

Olímpico reconocimiento


Cuando empezaron a arreciar las críticas hacia los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, el Comité Olímpico Internacional se defendió argumentando que no se debía mezclar el deporte con la política. Nos dicen que no nos preocupemos de lo que ocurre en China y que disfrutemos relajadamente desde nuestros sofás del espectáculo deportivo y lúdico de las olimpiadas.

A través del cuento Yo, un lápiz; Leonard E. Read nos muestra como una multitud de personas colaboran para lograr fabricar un producto. Son millares de personas que ni se conocen ni nunca han tenido contacto entre sí pero juntos logran fabricar un lápiz a pesar de que ninguno de ellos lo podría hacer en solitario. Todos colaboran sin tener en cuenta su color de piel, sus ideas políticas, su aspecto físico o incluso sus modales. Es muy probable que si se conocieran no se hicieran amigos ni quisieran tomar unas cañas juntos.

Y el consumidor cierra la cadena adquiriendo el lápiz si le resulta útil para su tarea y si tiene un precio adecuado. Cuando lo compra desconoce la raza, la religión, el sexo, la belleza o las ideas políticas de las miles de personas que han participado. ¿Siempre? No. Hay determinadas ocasiones en las que la moral del consumidor rechaza lograr una ventaja propia si es a costa del sufrimiento de otras personas. La ética personal de muchos hace que rechacen productos a pesar de ser más ventajosos y baratos si eso supone contribuir a una situación injusta.

Una de esas ocasiones se produjo durante el régimen del aparheid sudáfricano cuando sus productos fueron boicoteados debido a la discriminación real existente. Para la opinión público supuso un fuerte impacto conocer las condicionales laborales de las empresas textiles que fabricaban para grandes marcas como Nike. Esto supuso que las compañías occidentales se implicaran en la mejora de la situación de sus subcontratadas por temor a un descenso de las ventas.

Hay ocasiones en que no podemos cerrar los ojos ante la mano invisible sino que debemos preguntarnos con que colaboramos cuando compramos productos. Las ventajas que esa invisibilidad produce incentivando la mejora y la meritocracia mientras condena la discriminación, se torna en perjuicios si olvidamos el respeto a los derechos humanos.

¿Cómo podemos boicotear los juegos olímpicos? ¿No viendo sus retransmisiones o no comprando sus productos? No. La dictadura china hubiera seguido vendiendo sus productos aunque no hubiese albergado los juegos olímpicos. La celebración de las olimpiadas ha permitido que el problema del Tibet, de la censura de internet, de la persecución religiosa, la pobreza de las zonas rurales y la falta de libertad haya acaparado mucho más espacio en los medios de comunicación. Incluso este blog de denuncia de la situación China podría no haber existido.

Lo que busca el régimen despótico es reconocimiento internacional, y eso es precisamente lo que no les debemos dar. Hay que mostrar a los chinos, incluidos los que viven en el exterior, que no deben sentirse orgullosos por la realización de unos juegos que han costado mucho más de lo presupuestado o por una niña con la cara más redonda que otra. Podrán sentirse orgullosos y tendrán nuestro reconocimiento cuando logren que su país viva en libertad respetando los derechos humanos.

Wednesday, August 20, 2008

Las Olimpiadas a 24 mentiras por segundo

En la Unión Soviética los invitados occidentales eran agasajados por todo lo alto. Por ejemplo, se les llevaba a visitar ejemplares koljoses (granjas colectivizadas) en los que triunfaba una estética de brillante realismo socialista. Todo falso. Pero los occidentales en su inmensa mayoría vieron lo que quisieron ver, y se fueron magníficamente (auto)engañados. Lo que el cronista de The New Republic denomina “Potemkin faÇade para el caso de la mascarada olímpica organizada por el Estado “comulista” chino – ese bastardo entre el comunismo totalitario y el mercantilismo depredador -.



La crítica de la revista norteamericana lleva el título “The forgotten”, “Los olvidados”. Lo que para un cinéfilo inmediatamente hace pensar en la extraordinaria película rodada por don Luis Buñuel en Méjico. Se empeñaba el director español en mostrar el lado más escondido de la realidad social aunque significase molestar a los poderosos y hacer manifestarse la fealdad. En 1932 rodó Las Hurdes, un documental creativo fascinante en el que retrataba y denunciaba las condiciones miserables en las que vivía el pueblo extremeño. Ese mismo año Leni Riefenstahl filmaba El monte de los muertos, en la que combinaba románticamente el alpinismo, el amor y el misticismo. Adolf Hitler cayó a sus pies. Riefenstahl jamás fimó nada que no fuera bello, potente, un obsceno pájaro de juventud y fuerza. Por ello sedujo a Hitler que, contra el criterio de Goebbles, la impuso como realizadora para el documental sobre el Congreso Nacional-Socialista de Nuremberg (El triunfo de la voluntad) y el dedicado a las Olimpiadas de Berlín de 1936. El interés del Führer era usar los Juegos Olímpicos como un escaparate de su régimen “democrático, civilizado y eficiente”. Sin duda, lo consiguió. Aunque casi hubo un boicot por parte de unos pocos países que, como los EE.UU., estaban alertados por los inicios de las políticas racistas, finalmente se prefirió la doctrina del apaciguamiento y la máxima de que los deportes no deben mezclarse con la política. En los años siguientes, salvo voces como las de Winston Churchill, la mayor parte de los políticos y ciudadanos occidentales estuvieron de acuerdo en dialogar y tender puentes con el hombre que había realizado tan brillante y exitosa puesta en escena.



Esta mano tendida por parte de los optimistas antropológicos, los utilitaristas simplicissimus y los admiradores íntimos del nazismo respecto a las Olimpiadas en Berlín se basaba en la idea de que sería un modo de domesticar al Führer alemán. ¿Acaso no estaba la Kultur germánica formada por Beethoven, Goethe o, ligero carraspeo, Wagner? ¿No es cierto que es mejor hacer caja que hacer la guerra? De un modo parecido hoy cunde el programa, entre la Escila de la ingenuidad y la Caribdis del cinismo, de que a la torpe bestia comulista sólo hay que darle un empujoncito de buena voluntad para que Confucio, Lao Tse y los inventores de la pólvora y la imprenta vuelvan a adueñarse culturalmente del país para llevarlo a la senda de la democracia y la economía de mercado.



Zhang Yimou comenzó haciendo de Luis Buñuel y ha terminado pareciéndose a Leni Riefenstahl. Lo que ha rechazado Steven Spielberg, en principio destinado a ser con Zhang Yimou coautor de la parafernalia inaugural, al retirarse polémicamente por razones político-morales. El director chino, que fue una de las víctimas de la Revolución Cultural de Mao, fue más tarde aupado por el aperturismo post-Mao, luego de nuevo silenciado por el buró de la censura china, hasta últimamente verse convertido en un director utilizado por el nuevo régimen chino.

La Revolución Cultural hizo tabla rasa con el cine como hizo con cualquier manifestación cultural. Los cineastas fueron censurados y las empresas cinematográficas, cerradas. Jiang Qing, la mujer de Mao y su Goebbels respecto a la propaganda del régimen, tenía el proyecto inquisitorial de destruir todo el cine anterior a la Revolución y “construir un espléndido y nuevo arte de la nueva era de la historia de la humanidad”. Concretamente sólo había un puñado de películas consideradas “maoístamente correctas”, lo que para un público formado por ochocientos millones de personas era un régimen cinematográfico parecido a obligar a Kung Fu Panda a seguir la dieta de los higos chumbos.

Mientras que los miembros de la generación posterior a la de Zhang Yimou han denunciado el nihilismo cínico de la actual situación china -ya fuera de los mecanismos totalitarios comunistas pero que no por ello ha emprendido ni mucho menos la senda del capitalismo liberal sino más bien de un mercantilismo autoritario-, Zhan Yimou abandonó el cine intimista y melodramático que le hizo famoso para pasar a las supeproducciones de espadachines saltimbanquis, conocidas como wuxia. Así, con Hero Yimou cambió radicalmente el trasfondo político de sus filmes. Si antes había sufrido persecución por parte de las autoridades comunistas, en adelante se convirtió, como apreció Johan Norberg, en el legitimador del colectivismo dictatorial y nacionalista de la Nueva China Postmaoísta, recreando y justificando la figura histórica, a la vez que mítica, del primer emperador de China.

Los partidarios de esconder la basura represora bajo la alfombra olímpica celebraron con entusiasmo la ceremonia de apertura, a medio camino entre el gigantismo disciplinado de las masas nazis representadas por Riefenstahl y el espectáculo pop-naif del Circo del Sol. Más tarde se sintieron un tanto defraudados cuando se supieron los trucos empleados por Zhang Yimou, en tanto que ponían metafóricamente de manifiesto la torticera puesta en escena que significaba la celebración de esta Olimpiada para el régimen dictatorial chino.

A diferencia de Spielberg otros cineastas no han tenido problemas para trabajar para el régimen dictatorial que patrocina los Juegos: el francés Patrice Leconte, el italiano Giuseppe Tornatore, el iraní Majid Majidi, el británico Daryl Goodrich y el hongkonés Andrew Lau Wai-keung. De ellos, sólo me consta que Goodrich ha mantenido explícitamente la posición de que es compatible el respeto a los derechos humanos con el hecho de hacer una película, como la que le encargaron, sobre el deporte, los niños y los Juegos Olímpicos. Esperamos, escépticamente, el resultado.

Tuesday, August 19, 2008

La Libertad avanza en China y por el aire vuelan las sardinas.

Hay quienes, oscilando entre el buenismo más bobo y el mas siniestro "no hay enemigo a la izquierda" sostienen que la celebración de las Olimpiadas supondrá un impulso para la democratización y la causa de la Libertad en China. Evidencia de este sincero "descongelamiento" chino era el que las autoridades chinas hubieran anunciado que se permitiría al pueblo chino manifestarse pacificamente en determinadas áreas previa solicitud de permiso.


Iniciativa que fue generosamente alabada por el Comité Olímpico Internacional.


Ayer la BBC informaba del resultado de la medida.


77 solicitudes presentadas.

74 de ellas retiradas.

2 de ellas suspendidas.

1 vetada


Número total de manifestaciones celebradas: CERO.


Efectivamente, la Democracia y la Libertad van por el buen camino en China gracias a los Juegos.

[HT Norberg]

Pekín 2008: exhibición política



En público predican agua, a escondidas toman vino, decía Heinrich Heine.

La hipocresía implica necesariamente un alarde de una honestidad que no se practica. Desde que Olímpico Desprecio comenzó su andadura, han aparecido todo tipo de críticos acusándonos de hipócritas por las más diversas razones. Porque Bush atacó a Irak, por la excarcelación de De Juan Chaos, por el consumismo de productos chinos... Seríamos hipócritas si apoyáramos activamente por debajo de cuerda aquello que denunciamos en alto.

Seré cauta porque somos un grupo heterogéneo y no puedo afirmar nada en nombre de todos (excepto una cosa: ninguno de nosotros es partidario de la dictadura comunista, ni de cualquier otra dictadura). Pero yo, por ejemplo, estaría encantada de que los Juegos Olímpicos tuvieran financiación privada, mis compañeros tal vez no. No serían como ahora, casi seguro, pero no me meto en lo que cada cual hace con su dinero. La promoción del deporte por el Estado para su mayor gloria y honra es común a muchas de las dictaduras: las exhibiciones franquistas en el Santiago Bernabeu los primeros de mayo, la ostentación de una raza fuerte por Hitler, la perfección bajo amenaza de los deportistas soviéticos... Efectivamente las Olimpiadas no son una competición entre atletas de todos sitios, es un evento deportivo y político. Ya existen campeonatos del mundo oficiales, de cada zona, de cada continente, de cada país... Los JJOO modernos tienen un componente político clarísimo.



Por otra parte, hay que señalar que la comparación entre el régimen político de los Estadus Unidos de Bush y el del Partido Comunista Chino (PCC) es bastante diferente. No voy a negar que no me gusta Bush, ni su política exterior, ni las políticas que restringen la libertad en Estados Unidos, en España o donde sea. Pero que los gobiernos occidentales sean cada vez más intervencionistas (para nuestra desgracia) no me impide que exprese mi disgusto e indignación por la celebración de los Juegos Olímpicos en Pekín y que el PCC siga siendo maoísta, colectivista,planificador y exageradamente más liberticida. No hay una ley de planificación familiar que por ley diseñe la familia.

Es habitual la coletilla "y tú más" o "y tú qué" ante cualquier crítica. En el caso de los JJOO chinos, es facilísimo bloquear toda denuncia con argumentos del tipo "Atentados a la libertad hay en todos sitios, en tu país también, en China no tienen esos impuestos tan altos. ¿Por qué no les dejas que celebren sus Juegos y les deseas que les salgan muy bien?". Aún siendo ciertas las afirmaciones respecto a los atentados a la libertad patrios, nadie puede tacharme de hipócrita si continúo protestando por la concesión a China de los JJOO. Yo no voto a ningún partido liberticida, no comparto las políticas de mis dirigentes, no defiendo dictaduras... ¿por qué voy a callarme ahora? No me refiero al pueblo chino cuando critico los JJOO, sino al sistema comunista que (a veces se nos olvida) hace ciertas concesiones a la propiedad privada y al individuo, pero en la medida en que eso permite un mayor desarrollo económico del país, para seguir alimentando ese sistema.
La socialdemocracia occidental no es mi ideal, pero no es lo mismo. El punto de partida es el opuesto: hay un sistema de propiedad privada que los gobernantes violan o restringen. El resultado, gracias a Dios, no es igual.

La concesión de este evento por parte de los Gobiernos occidentales a China no está relacionado tampoco con libre comercio con este país. El comercio exterior para quienes defendemos la libertad económica es cosa de personas, no de estados. Si un comerciante chino produce un bien mejor que un español y más barato soy la primera en defender la soberanía del consumidor y su libertad de elegir. No sé qué contradicción hay entre esa postura y la denuncia de las barbaridades que los gobernantes chinos cometen desde sus poltronas del PCC.

¿Estoy yendo en contra de la voluntad del pueblo chino? No se sabe, estamos en el país de la censura, de Tiannamen, de las prohibiciones olímpicas (como han recordado mis compañeros en sus artículos). ¿No estaban los soviéticos que podían hablar tan orgullosos de la URSS?¿No están los cubanos que viven en Cuba tan felices con su Comandante?¿No es Chávez un libertador que se enfrenta con la tiranía capitalista explotadora para los venezolanos afines (que tan amablemente suelen insultarme)? Honestamente, creo que denunciar la concesión de un evento a un gobierno comunista, liberticida por definición, es legítimo.

Para quienes se ofuscan con el cambio económico de China, además de dedicarles la foto del ganador de caballo con arcos, Xiao Qin, saludando militarmente dese el podio, les copio una parte del escrito de Mao sobre la nueva democracia en China.

Desde hace años, los comunistas venimos luchando tanto por una revolución política y económica como por una revolución cultural en China; nuestro objetivo es construir para la nación china una nueva sociedad y un nuevo Estado, en los cuales no solamente habrá una nueva política y una nueva economía, sino también una nueva cultura. En otras palabras, no sólo deseamos convertir la China políticamente oprimida y económicamente explotada en una China políticamente libre y económicamente próspera; deseamos asimismo convertir la China ignorante y atrasada bajo el imperio de la vieja cultura en una China culta y avanzada en la que impere una nueva cultura. En resumen, queremos construir una nueva China. Y en el terreno cultural, nuestro objetivo es forjar una nueva cultura de la nación china.

Una cultura dada (como forma ideológica) es el reflejo de la política y la economía de una sociedad determinada y, a su vez, influye y actúa en gran medida sobre éstas; la economía es la base, y la política, la expresión concentrada de la economía. Este es nuestro punto de vista fundamental sobre la relación entre la cultura, por una parte, y la política y la economía, por la otra, y sobre la relación entre la política y la economía. De este modo, son primero la política y la economía de una formación social dada las que determinan la cultura de esa misma formación, y sólo después esta cultura influye y actúa sobre aquéllas. Marx dice: "No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social lo que determina su conciencia.” Y dice además: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarla ." Esta formulación científica, por primera vez en la historia humana, resolvió correctamente el problema de la relación entre la conciencia y el ser, y constituye la tesis básica de la dinámica y revolucionaria teoría del reflejo, tan profundamente desarrollada más tarde por Lenin. No debemos olvidar esta tesis básica al discutir los problemas culturales de China.


Basta con recordar las atrocidades y los atentados a la libertad individual que han costado estas "bonitas palabras". Por desgracia, en España cada vez suenan más familiares.

Instantáneas de la Chi-na-na

Sunday, August 17, 2008

Oro falso

Las dictaduras, como la china, se engalanan en busca de prestigio cuando Olimpia toca su frente. La historia nos enseña que son pocas las ocasiones en las que se alcanzaron cambios políticos por medio de acontecimientos deportivos. Por qué se mantienen los políticos europeos en su empeño por mostrar iniciativa allí donde no es posible?

Si nos olvidamos de la lucha de dedos, la carrera de sacos, el pulso manchego y el lanzamiento de enanos no hay disciplina deportiva que no esté presente en los Juegos Olimpicos de Pekín. Hay una discilpina, incluso, que ha comenzado a disputarse mucho antes del acto de inauguración: la hipocresía antemicrófono.

Tres grandes talentos lograron la clasificación prematura en este duro deporte. El primero fué el Presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pöttering, quien en una entrevista animaba a los deportistas a protestar contra los atentados chinos a los Derechos Humanos, sin explicar exactamente cómo. Les pidió acudir a Pekín, „mirarlo todo y no apartar la vista“, pues luego „cada uno puede hacer un gesto a su manera“.

En otras palabras, los ciclistas pueden atropellar a un comisario por vuelta, o girar en sentido contrario al del recorrido, y así realizar un gesto simbólico de protesta contra la dictadura monolítica. Los gimnastas pueden actuar desnudos en solidaridad con los tibetanos, que defienden día a día su piel. Los participantes en el decatlón podrían renunciar a una de las disciplinas, bajo el lema: “muchos chinos también renuncian a una comida al día”. Estos gestos harían reflexionar a la cúpula comunista, seguro.

Pero comportarse de tal forma escandalizaría a nuestra segunda cualificada, la Vicepresidenta del Gobierno español María Teresa Fernández de la Vega. También cualifica en hipocresía antemicrófono, pero con una técnica totalmente opuesta: “la Carta Olímpica en su norma 50.3 establece que en la villa olímpica esta prohibido hablar o realizar cualquier manifestación o propaganda política, religiosa o racial”. Los atletas y deportistas, en cuanto entran en la villa olímpica, dejan de ser ciudadanos amparados por las leyes democráticas de su país, pierden su derecho a la libertad de expresión, pasando a convetirse en paquetes de músculos descerebrados, ya que de lo que se trata es de conseguir medallas y no de convertirse en tertuliano. La cuestión es, dónde está la frontera entre la provocación y la crítica respetuosa?

El Presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, nuestro tercer cualificado, tampoco tiene respuesta a esa pregunta. Prueba de ello es que, ante la vergonzosa actitud de las autoridades chinas, impidiendo la prometida acción libre de los periodistas, todo lo que supo balbucear fué un: "No voy a pedir disculpas por algo en lo que el COI no tiene ninguna responsabilidad“, como si nunca hubiese hablado con los responsables chinos sobre todos los detalles de estos Juegos, incluído el espinoso tema de la libertad de información periodística que, recordemos, era una de las condiciones que el COI impuso a Pekín en su día para poder presentar su candidatura como ciudad sede de los Juegos.

Y lo que hemos tenido que oir y leer sobre las curativas, civilizadoras y democratizantes propiedades del deporte en general y de los reporteros deportivos en particular? Son miles y todo lo ven, nada se les escapa. Preguntan a cada policía de tráfico cómo se llega a Lhasa. Tienen encuentros con disidentes y con las familias de los presos políticos... A nadie se le escapa que el trabajo del reportero deportivo consiste mayormente en ocupar su sitio en la sala de prensa junto a otros mil reporteros deportivos y no perder detalle de lo que muestra la CNN para poder informar "en directo" y de primera mano en casa. Y los pocos reportajes "costumbristas" que envían vienen cargados de la pedantería que rezuma un "nos comenta el taxista que nos lleva al Pabellón X" como si el abnegado trabajador del volante fuese un espía de la resistencia democrática china. Y al que lo intenta de verdad, le sale el tiro por la culata. Cuentan las malas lenguas que una reportera de la ZDF quiso filmar un monasterio tibetano, a lo que las autoridades locales le respondieron que los monjes estaban de vacaciones y no concedían entrevistas. Vuelta a Pekín.

Lo sorprendente de estos casos es que asoman de manera tan inesperada que resultan casi fantasiosos. Como si no se hubiesen tenido nunca experiencias similares con regímenes dictatoriales de todo color, ansiosos por apoyarse en un acontecimiento deportivo para presentarse en sus mejores galas. Como si en 1936, tres años después de la toma del poder por los nazis, no se hubiesen celebrado los JJOO de Berlín, en los que también participaron un par de negros y judíos, infrahumanos consentidos por la mangnanimidad teutona. En Pekín, todos los restaurantes de la ciudad han recibido un escrito en el que se les prohíbe taxativamente la venta de carne de perro, eliminándola también de la carta. En cuanto los deportistas, los turistas y los periodistas regresen a casa, la delikatesse canina volverá a la olla.

En descargo de los deportistas, tanto los que se animan a tirar del carro sin importarles a dónde les lleve el viaje, como a los que realmente creen que pueden aportar con su esfuerzo algo a la paz y el entendimiento entre los pueblos, he de decir que ellos no son los únicos que se pliegan a los encantos de las dictaduras. Vean los viajes amigables de nuestros Ministros por las repúblicas bananeras de todo tinte, las aguas templadas que usan los homónimos europeos con las dictaduras islámicas o los intentos culturalizadores de orquestas y compañías de teatro occidentales esforzados en llevar, envuelto en partituras de Mozart o entre las pastas de los libretos de Brecht, el amor a la libertad a los más recónditos lugares del universo. Los niños creen en los Reyes Magos, los cristianos en la Concepción Inmaculada, los judíos en el Mesías, los fans de Chikilikuatre en ganar Eurovisión y los deportistas y artistas en su misión pacificadora. Hasta perder todo contacto con la realidad.

Además, las dictaduras pueden ser tremendamente sexys. Sobre todo si reciben a sus invitados con tambores, trompetas y fuegos artificiales. Los deportistas volverán a casa con una gran impresión de China. Colmados de oro, plata, bronce o contentos por haber participado. Los reporteros nos habrán contado a diario cuántas medallas han ganado éstos o aquéllos, actualizando el medallero como si de un rito ancestral se tratase. Y pasadas unas semanas, el Presidente del Parlamento Europeo, la Vicepresidenta española y el jefe del COI se reunirán para comer un buen plato de pato a la naranja y preparar una declaración conjunta de protesta por la lesión de los derechos humanos en Tíbet o en cualquier otro sitio. Eso sí, con mucho respeto, dentro del margen de la ley y sin disculparse por nada de lo que ellos no sean responsables.

Afirmaciones del Dalai Lama en Francia

Según publicó ayer El País, el Dalai Lama, que no fue recibido por el presidente francés Nicolas Sarkozy por presiones chinas, afirmó que China sigue torturando civiles en el Tibet mientras tienen lugar los Juegos Olímpicos:

"Los civiles están siendo torturados, a veces hasta la muerte. Es realmente muy muy triste". "Hay restricciones a la circulación de la información, una censura muy fuerte".

Se puede leer la noticia completa aquí.

Saturday, August 16, 2008

China, un país sin libertad para pensar y para creer

En su Artículo 18, la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia."

A pesar de que forma parte del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho de veto, y a pesar de que su Constitución de 1982 proclama la "libertad religiosa" en el país, la dictadura comunista de China viola sistemáticamente el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Prueba de ello son las graves restricciones a la libertad religiosa que impone la dictadura comunista, también durante estas Olimpiadas de la Vergüenza que se están desarrollando en Pekín. El Informe 2008 de Amnistía Internacional advertía, en este sentido, que "el Ministerio de Seguridad Pública ordenó en abril el escrutinio de todas las personas que iban a asistir a los Juegos Olímpicos de Pekín, y estableció 43 categorías de personas a las que se prohibía la entrada por razones como las creencias religiosas o políticas". Así mismo, AI denunciaba de esta forma la situación global de la falta de libertad religiosa que padecen los habitantes de China y los extranjeros que visitan el país:
"A millones de personas se les impedía practicar libremente su religión. Miles de ellas continuaban detenidas o cumpliendo penas de prisión, con gran riesgo de sufrir torturas, por practicar su religión al margen de los canales autorizados por el Estado. Entre quienes sufrían una persecución más implacable había seguidores de Falun Gong, musulmanes uigures, budistas tibetanos y grupos cristianos clandestinos."
Especialmente grave ha sido la actuación de la dictadura comunista contra el Falun Gong, una práctica religiosa que guarda muchas similitudes con el budismo y que cuenta con más de 100 millones de seguidores en China, superando así al número de chinos afiliados al Partido Comunista. Desde la década de 1990, la persecución de la dictadura comunista contra este grupo religioso ha sido durísima. En referencia a Li Hongzhi, fundador de este movimiento, la agencia oficial china Xinhua ha llegado a afirmar que "el tal llamado principio de 'verdad, benevolencia y tolerancia' predicado por Li no tiene nada en común con el progreso ético socialista y cultural que estamos tratando de lograr."

En la práctica esto se ha traducido en multitud de personas detenidas, torturadas y asesinadas. El Informe 2008 de AI señalaba, sin ir más lejos, que "más de 100 seguidores de Falun Gong que estaban detenidos o acababan de quedar en libertad murieron durante 2007 debido a las torturas, a que no se les habían proporcionado alimentos o atención médica y a otras formas de malos tratos."

Después del Falun Gong, pero durante más años que el movimiento promovido por Li, el grupo religioso que más ha padecido la persecución del régimen comunista chino ha sido la Iglesia Católica, declarada ilegal en China, a pesar de lo cual se calcula que tiene unos 10 millones de fieles en el país. Como señala la Fundación Cardenal Kung, los 35 Obispos católicos de China están encarcelados, condenados a arresto domiciliario, sometidos a estricta vigilancia e incluso obligados a permanecer ocultos y en la más absoluta clandestinidad para poder desarrollar su actividad pastoral. Uno de los prelados, el ya anciano Monseñor Han Dingxiang, murió el 9 de septiembre de 2007 "bajo custodia en circunstancias sospechosas tras pasar más de 20 años encarcelado", como señala el Informe 2008 de AI, que añade: "Las autoridades locales incineraron rápidamente su cadáver".

Numerosos sacerdotes y seglares católicos están encarcelados por motivo de sus creencias, incluyendo desde hace años a aquellos internautas chinos que publican en la red textos de apoyo a la Iglesia Católica, como fue el caso de Zhang Shengqi en 2005. De hecho, el acceso a la web del Vaticano está vetado desde China.

A la persecución contra los creyentes se ha unido, además, la sistemática destrucción de lugares de culto, siguiendo así unas directrices del Gobierno chino reveladas en 1997 por la citada Fundación. En ellas se daba orden a las fuerzas del Estado de "destruir la organización de las fuerzas católicas clandestinas", "cortar los contactos extranjeros con elementos ilegales locales" y "destruir los lugares de reunión de la Iglesia ilegal". Un método de persecución idéntico al que han sufrido las Iglesias Evangélicas de China así como los misioneros luteranos de otros países que han acudido al país para promover su fe.

Prueba de ello es la página que dedica a China la web luterana Persecución Cristiana, que incluye noticias sobre la persecución de evangélicos y católicos en el país asiático. Como en el caso de los fieles al Papa, los luteranos han tenido que ver como sus dirigentes y seguidores eran encarcelados, sometidos a malos tratos y a torturas e incluso ejecutados. Numerosas reuniones evangélicas han sido interrumpidas a menudo por la policía, siendo golpeados y detenidos sus asistentes -como señala el citado informe de AI- y con la frecuente destrucción posterior del lugar de culto.

Las detenciones, torturas y ejecuciones alcanzan también a la comunidad musulmana uigur, de origen turco, en Xinjiang, la región de China más alejada de Pekín. En abril de 2005, la ONG Human Rights Watch reportaba los abusos sufridos por los musulmanes uigures, que suman un total de ocho millones de personas. En este caso, la persecución religiosa se une a la dura represión ejercida por la dictadura comunista contra la propaganda secesionista de determinados grupos musulmanes de esta región, que China reprime sistemáticamente bajo la acusación genérica de "terrorismo". Un método de persecución muy parecido al que la dictadura comunista emplea contra el budismo en el Tíbet, más al sur. Allí, el Gobierno controla directamente la selección y formación de profesores budistas, ejerciendo una dura represión contra todos los que muestran su apoyo al Dalai Lama, aunque sea por medios pacíficos.

Teniendo en cuenta estos hechos, a nadie ha de extrañar que China haya sido catalogada como "País Motivo de Preocupación Particular (CPC)" por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en sus sucesivos informes sobre la libertad religiosa a escala global. Dichos informes califican como CPC a aquellos países "que hayan intervenido en violaciones particularmente graves de la libertad religiosa o las hayan tolerado". El último informe, de septiembre de 2007, sitúa a China junto a dictaduras tan atroces y regímenes tan restrictivos con la libertad religiosa como Birmania, Corea del Norte, Irán, Sudán, Eritrea y Arabia Saudí.

En estas condiciones, sorprende la insensibilidad del Comité Olímpico Internacional hacia los derechos humanos al haber concedido a China la organización de estos Juegos, sobre todo si tenemos en cuenta que este evento mundial, lejos de atenuar la falta de libertad religiosa que se viene dando en este país asiático desde hace décadas, ha venido acompañado de un recrudecimiento de la persecución religiosa en China a medida que se aproximaban los JJOO.

La campaña de Amnistía Internacional

Amnístia Internacional ha recabado la participación de importantes deportistas internacionales para llamar la atención sobre la falta de respeto a los derechos humanos. Y el deber del compromiso cívico de los deportistas, que por su gran impacto mediático tienen una responsabilidad mayor.



PD. El seguimiento de Amnistía de la represión llevada a cabo por la dictadura durante la celebración de los Juegos.

Friday, August 15, 2008

Prohibiciones Oficiales. Deffer... a los Paralímpicos.


Como atleta ciego, sordo y mudo debería participar en los Juegos Paralímpicos de Beijing en Septiembre

Gervasio Deffer, medallista olímpico español es uno de los chicos del dedito en la ceja, de los integrantes de la Platamorfa de amigos de Zapatero, los mamporreros subvencionados de ZP. Este chico, tan preocupado por los derechos sociales, no parece tan solidario cuando faltan los más importantes. Esta ya no es su guerra, claro. Silencio absoluto cuando aquí si que tiene motivos para piarlas ... En caso de que estuviese despistado o se hubiese fumado uno de sus "relajantes musculares" le voy a echar una manita:
La Guía Oficial del Espectador, elaborada por el Comité Olímpico Chino, tiene un apartado que provoca indignación en cualquier persona normal. Toda una declaración de principios que no inmuta a nuestro atleta. Son las prohibiciones... Ampliación párrafo ¡ Manda huevos ! ( Trillo dixit )
La prohibición de dar publicidad o aviso (pancartas, carteles... etc.) a temas como territorio, derechos humanos, derechos de los animales... es infame. Nada de lo que digan todos los comités olímpicos del mundo me pueden convencer de que China ha avanzado en libertades. Aquí no se habla de lo que molesta y... ¡ punto !
Por decir, dicen hasta lo que pueden medir los carteles. Nada de logos en la ropa que puedan parecer publicidad ( la mitad de las camisetas no pasan el corte )

Gervasio silencioso... ¿ Y este es el que iba a ser abanderado español y no lo ha sido porque tenía que madrugar ? Un abanderado debe ser un ejemplo y no es motivo de ejemplo ser sancionado por consumo de drogas (cannabis, marihuana) Es exactamente lo contrario a lo que un deportista de verdad debe representar, un tipo sano.
Al que me vaya a pontificar con algo tipo: " no mezclemos deporte y política " además de decirle que defender los derechos humanos nada tiene que ver con las política le voy a refrescar la memoria... ¿ Con qué subtítulo, leyenda, apareció Gervasio en el vídeo de la cejita, el de PAZ ? Se lo recordaré...
En el vídeo de los mamporreros subvencionados se vende como Campeón Olímpico . Eso es exactamente mezclar política con deporte. Si tan activo estuvo gritando sus ideas políticas y su defensa de las causas justas que no se extrañe si al recular se lo recuerdan.
No veo su nombre entre los atletas firmantes de la carta al presidente chino pidiendo respeto a los derechos humanos y libertad de expresión. Pero, claro, es que a Deferr, China, los derechos humanos en China, es algo que le resbala. Lo mismo que a mí sus medallas y títulos... me la refanfinflan.



Thursday, August 14, 2008

Un político liberal contra la omertà

Benedettto della Vedova es presidente de Riformatori Liberali y diputado del PDL. En su blog ha publicado un artículo a favor de romper la omertà (ley del silencio) que se han autoimpuesto los políticos italianos, y por extensión los occidentales, para no molestar a la mafia estatal china que organiza los Juegos Olímpicos como el Padrino Michael Corleone hacía generosas donaciones a obras benéficas.
No sé si algún atleta decidirá, en el curso de las Olimpiadas, expresar su apoyo a la causa de los derechos humanos en China y, en particular, su solidaridad con el pueblo tibetano. Si finalmente sucediera, sería un gesto ampliamente reconocido.

Pero la voz de un país como Italia no puede confiarse únicamente a la libre y voluntaria iniciativa de los atletas, a los que no se les puede hacer cargar con el deber de representar políticamente las razones del gobierno, del parlamento y de la opinión pública italiana.

La mejor vía, la más significativa e institucional, pasa a través de la voz directa del gobierno. Y no tengo dudas de que el ministro Frattini y el ejecutivo de Berlusconi buscarán y encontrarán, durante la celebración de las Olimpiadas, la manera de defender la causa de la democracia y de los derechos humanos en China. Los juegos, para los atletas, son una extraordinaria ocasión deportiva. Para los Estados, un impagable escaparate político. Al Gobierno –antes que a los atletas- le corresponde el honor de utilizarlo de la mejor forma posible.
PD. Hasta la fecha no hay noticias ni de Berlusconi ni de Fratini. Ni de Zapatero, ni de Moratinos. Tan lejos, tan cerca.

Deporte, olimpismo y dictaduras

El deporte y las dictaduras son habituales compañeros de cama, o al menos de cuarto. Éste tiene dos caras evidentes. Por una parte está el esfuerzo individual, el que permite al deportista superarse a sí mismo o a un adversario en buena lid. Por otra, supone una especie de conciencia colectiva que identifica a un grupo y que, al ganar, demuestra la superioridad de éste sobre el resto. Es esta dimensión del deporte la que buscan los gobiernos, los estados y desde luego las dictaduras. En esta visión colectivista, el triunfo del individuo es realmente el triunfo del colectivo; lógicamente, su derrota es su fracaso y una frustración para la sociedad a la que representa.

En 1936, la Alemania nazi organizó las Olimpiadas. Adolf Hitler quiso que fueran el escaparate perfecto para demostrar que el Reich de los 1.000 años y la raza aria eran el futuro de la humanidad. Para desgracia de los jerarcas alemanes, Jesse Owens gano a la estrella nazi, Carl Ludwig Long (desconozco si Hitler llegó a conocer la amistad que unió a un negro de Alabama y a su representante ario). Puede que Berlín fuera la primera competición de la era moderna que unió de manera descarada el deporte con la política, pero esto ya venía de lejos. Al fin y al cabo, representantes de Atenas, Esparta, Tebas o Argos luchaban para demostrar que su ciudad era también mejor que las otras.

El fútbol también ha coqueteado con las dictaduras. No sé muy bien cómo, pero la FIFA obsequió a la Junta Militar que gobernaba la Argentina (es un decir) con el Mundial de 1978. No sé muy bien cómo, pero los argentinos ganaron a la Holanda de Johan Cruyff, que se quedó con la miel en los labios por segundo mundial consecutivo, pero sobre todo, muy mosqueados.

Al COI nunca le ha temblado el pulso por dar la organización de unos juegos olímpicos a una dictadura. Además de la mencionada en Berlín, se la dio a la URSS que organizó la de Moscú en 1980. Se lo dio a Yugoslavia que organizó las olimpiadas de invierno de Sarajevo en 1984. Y en 2008, el turno le ha tocado a Pekín para mayor gloria del régimen chino. En definitiva, la Olimpiada se ha convertido en un espectáculo global que en la mayoría de los casos supone un coste excesivo para el contribuyente y un beneficio desmesurado para unos pocos. En el caso de China, el coste asciende a nada menos que 40.000 millones de dólares. Pekín se ha gastado la friolera de 16.000 millones en sistemas de energías limpias y ahorro de agua que no han impedido que siga siendo una de las ciudades más contaminadas del planeta. Pero este coste no es sólo monetario, como consecuencia de las obras que se han acometido, en las que se incluyen la construcción de 19 nuevas avenidas y una terminal en el aeropuerto, barrios enteros han sido suprimidos y miles de personas han sido desposeídas y reubicadas para que los sueños de gloria olímpica del Partido se vean cumplidos.

Cabe preguntarse a estas alturas si este espectáculo es tan beneficioso para la imagen de estos regímenes totalitarios como parecen creer los organizadores. Más allá de los negocios que los miembros del Partido Comunista Chino (PCCh) y allegados hayan podido hacer, está claro que pocos, si es que hay alguno, han podido prever que la organización de los Juegos Olímpicos fuera a provocarles tantos quebraderos de cabeza. Desde que la antorcha olímpica echó a rodar por el mundo, las manifestaciones, las muestras de repulsa contra el régimen y las denuncias de sus atrocidades se ha convertido en una pesadilla para el régimen.

China se ha descubierto como uno de los países más contaminado del planeta (lo que tendría que hacer replantearse a los grupos ecologistas cuál es el mejor sistema para “salvar” el medio ambiente). China es el régimen que más sentencias de muerte lleva a cabo cada año (hecho que no suele arrebatar del ranking oficial de crímenes contra la humanidad en los medios de comunicación a la cárcel de Guantánamo). Sus políticas de represión en Tíbet y Xinjiang han alcanzado límites que, en plena era de Internet, recuerdan más a los perpetrados durante el gobierno de Mao. China incumple sistemáticamente todos los derechos humanos. Su administración se muestra como uno de las más corruptas del planeta y las medidas que se toman para atajar esta lacra (incluyendo ejecuciones ante las cámaras) parecen más un circo mediático que un serio intento de hacer frente al problema.

Pocos, quizá los más cándidos o los que mantienen cierto alineamiento con el régimen comunista, confían en los chinos para solucionar cuestiones que deberían ser simples. China se muestra incapaz de solucionar problemas que en el decadente Occidente tenemos resueltos hace mucho, o al menos, los sobrellevamos mucho mejor. Las representaciones de Estados Unidos y Australia portan su propia comida y el agua es suministrada por Coca Cola. A diferencia de otros, no han olvidado que a mediados de marzo se descubrió que en China el uso de hormonas, antibióticos y otras sustancias en las explotaciones ganaderas dedicadas a carne es habitual, hasta el punto de que se llega a límites peligrosos y que se realiza de manera sistemática y consentida. También se han encontrado restos de insecticidas y otras sustancias que invitan a pensar que los criterios de calidad son como poco, laxos.

La apertura económica china ha generado una nueva aristocracia que vive en torno al Partido y que usa algunas de las herramientas del capitalismo para medrar a costa de cientos de millones de ciudadanos que aún viven en la más absoluta de las miserias. No seamos tan cándidos de creer que si la prosperidad ha llegado al 10% de la población del país más poblado del planeta es porque la libertad empieza a campar a sus anchas.

Al gobierno chino le ha estallado casi sin querer las consecuencias de su propia arrogancia y ha reaccionado como suele hacerlo un sistema represor: con la coacción, la intimidación y la violencia. Sin miramientos ha impuesto a periódicos y televisiones, turistas y visitantes y desde luego a disidentes, críticos o cualquier ciudadano chino que por error u omisión termine perjudicando a los objetivos del PCCh, una censura y un control de sus publicaciones y expresiones. Es lamentable ver como algunos medios occidentales hacen el juego a los dirigentes y colaboran con el régimen. Además, ha encarcelado o exiliado a críticos y opositores y aprovecha cualquier incidente para incrementar estas medidas de represión. La Olimpiada está dejando ver conflictos que después de que transcurran estos 18 días, no pueden volver a ser olvidados. Es nuestro deber seguir recordándolos y denunciándolos.

La falta de transparencia es una constante en la información. Mientras estoy terminando este artículo me entero que la organización ha reconocido que parte de la ceremonia inaugural que se vio el pasado viernes 7 de agosto estaba amañada, que la niña que entonó la “Oda a la Madre Patria” lo hizo en playback porque la belleza de la verdadera intérprete no era la adecuada, que los fuegos artificiales que se observaron habían sido grabados con anterioridad en los ensayos generales, mientras que otros fueron creados con programas de ordenador. Todo sea por la gloria del Partido, todo sea por la gloria de China, todo sea por la desgracia de los chinos, de la gran mayoría.

Wednesday, August 13, 2008

Lo que no se ve del milagro chino


En XLSemanal, el dominical de ABC, se ha publicado un excelente artículo poniendo encima de la mesa la otra cara de las ciudades de la China olímpica. Los casos de enfermedad por contaminación en ciudades como Daqing y Tianjing son expuestos a partir de ejemplos concretos de personas reales.

El milagro económico que ha convertido al gigante asiático en el primer país exportador del mundo, y el segundo con más millonarios, tiene un doloroso coste: 760.000 muertos al año por la contaminación. Megalópolis y extensas áreas geográficas en las que la gente nace y muere aquejada por extraños tumores. Hemos estado en Daqing, Tianjin y en los llamados `pueblos del cáncer´, terribles ejemplos de la china de los Juegos Olímpicos.

Se puede leer el artículo completo aquí.

Chop suey, rollito primavera y cuentos chinos

Un cuento chino está concebido para no ser creído, es un relato falso que busca engañar al lector al tiempo que le distrae.

A estas alturas de los Juegos, los atletas ya habrán recorrido cientos de kilómetros sin llegar a ningún sitio, dan vueltas sobre un circuito para terminar en el lugar desde el que partieron; algo parecido a la narrativa circular del cuento chino. Durante casi tres semanas, los profesionales juegan a ser amateurs, las banderas flamean porque incorporan un sistema en el mástil que insufla aire, los record caerán porque el dopaje es más rápido que los análisis y los políticos convivirán en una aristofanesca armonía que rezuma falsedad en cada una de sus escenas y nos parece un chop suey: trozos, sobras y en algún caso despojos. Hipocresía, arbitrariedad e intereses se unen en el interior del rollito de primavera; es cierto que está crujiente, pero nos resulta un comistrajo indigestible.

Miles de periodistas asisten a la lectura del cuento, y lo hacen sin recordar que China es el país en el que más periodistas cumplen prisión solamente por disentir. Curiosa amnesia y muestra de compañerismo es ésa, porque muchos provienen de países en los que enarbolan la bandera de la libertad de expresión a la menor crítica, que no censura. La cadena estadounidense NBC, por ejemplo, aportó 600 millones de euros a la organización de los Juegos; supongo que cuando concluyan los fastos deportivos volverán a mostrarnos las imágenes de la represión en el Tibet y nos hablarán de la falta de libertad. Asimismo, buscarán el detalle de la tragedia, el muerto solitario acribillado en una calle, porque nuestras conciencias son inmunes a la magnitud y sólo se conmueven con el pormenor: la multitud dispersa la atención. En realidad harán lo que hacen siempre: «trabajar la información»; un término inquietante, lo reconozco. Todo sea en aras de las dos prostitutas más famosas: la libertad de prensa y la de opinión.

Con todo y con eso, en un cuento tan bonito y exótico todos quieren representar un papel, aunque sea bufo o implique recibir palos. Un juez español de la Audiencia Nacional ha iniciado una investigación sobre dos ministros chinos y cinco altos funcionarios por su implicación en la última represión ejercida en el Tibet. Es indiferente que la Justicia española acumule casi 1.200.000 sentencias que están pendientes de ejecución o 500.000 fallos sin resolver; lo importante es formar parte del cuento y disfrutar de una escudilla de chop suey, o al menos poder rebañar. No obstante, si el magistrado posee tantas ansias de protagonismo, lo mejor hubiera sido que corriera la final de los 100 metros lisos, ¡con toga y puñetas, por supuesto! Entiendo que ése porte indumentario no es aerodinámico y resultaría chocarrero; aunque yo, por el contrario, le respetaría más.

A pesar de que el Gobierno chino ha tomado diferentes medidas para solventarlo, Pekín es una ciudad muy contaminada, con un aire irrespirable que abrasa los pulmones e irrita los ojos. Ahora bien, ése grado de contaminación es similar al que impera en el COI, un organismo al que siempre rodean los escándalos, la corrupción, el nepotismo y los remiendos. Tan es así, que la figura de J.A.Samaranch, en su cargo de presidente vitalicio, nos recuerda la gerontocracia propia de otros regímenes.

Cuando el COI concedió la organización de los JJOO a un gobierno autoritario, represor y negrero, lo único que consiguió fue fortalecer al régimen comunista, que no dudó en utilizar la excusa de los Juegos Olímpicos — se argumentaron razones de seguridad— para incrementar la represión sobre los disidentes y ejercer mayor control sobre la población; tanto nativa como foránea. De la misma forma, la construcción de las infraestructuras necesarias para la cita olímpica comportó desplazamientos de población y problemas sociales vinculados al desarraigo que todavía no se han solventado. Es curioso que la avenida que conduce desde la Villa Olímpica hasta la estación de tren del Sur de Pekín haya sido diseñada por Albert Speer, el hijo del arquitecto favorito de Adolf Hitler. Seguro que al proyectista no le importaron los miles de viviendas y vecinos que fueron desalojados a la fuerza para desarrollar un proyecto que incluso supera a los planeados por su padre para la colosal Germania. Quizá esa sea una de las esencias de la vida: que el hijo supere al padre. El COI, sin embargo, está feliz y contento con la monumentalidad de las obras realizadas. No creo que ninguno de sus miembros se planteara que algo así sólo puede llevarse a cabo en un régimen tiránico que desprecia a sus ciudadanos en aras del objetivo supremo: un destilado de totalitarismo digno de los connoisseurs del COI. Yo creía que el lema Citius, altius, fortius reflejaba el espíritu olímpico, pero he comprendido que se refiere al grado de desvergüenza e hipocresía de los miembros del COI. ¡Enhorabuena, lo consiguieron! No obstante, debo formular una pregunta: ¿a cuánto se cotizó el voto para la candidatura de Pekín? Supongo que la respuesta está en el interior del rollito, el lugar más recóndito.

Al observar la faz de los jerifaltes chinos me asalta una incertidumbre: ¿tienen el mismo número de músculos en la cara que un occidental? Yo lo dudo, porque parecen un compendio de técnicas de embalsamamiento y tanotopraxia. Ahora bien, muchos de los mandatarios mundiales que asistieron a la inauguración son tan indecentes como la versión cérea de los guerreros de Xi’an, porque en sus respectivos países siempre se mostrarán como los paladines de los Derechos Humanos, pero no dudan en legitimar con su presencia a un régimen que los vulnera sistemáticamente. Sin embargo debemos disculparles, ellos son aficionados al subgénero literario del cuento— sea chino o no— por un solo motivo: viven del cuento. Es cierto que esos especímenes gesticulan y sonríen más que los déspotas chinos, pero cada una de esas «espontáneas» y «sencillas» muestras de alegría es una afrenta para los muertos en la represión del Tibet, los miles de condenados que son ejecutados cada año en China (el país con el mayor número de ejecuciones en el mundo), los cientos de encarcelados sin juicio alguno y los millones que son explotados laboralmente en un régimen de semiesclavitud y perciben salarios miserables. Sería una muestra de dignidad (si es que les queda alguna) que eviten mencionar a los Derechos Humanos en los discursos con los que nos atormentan de vez en cuando.
Los chinos deben disfrutar de sus JJOO, ellos mejor que nadie saben que nada ha cambiado en China y nada cambiará, la denominada «la otra China» se refiere a fuegos artificiales, esfuerzo físico sobre el tartán, música y colores; todo ello tan efímero como la conciencia de nuestros gobernantes o la luminosidad de una antorcha olímpica.

Occidente ha demostrado con su mirar para otro lado que priman los intereses económicos y los negocios, aunque en ése tema todos somos cómplices: observen qué pone detrás de su flamante Ipod, en algunos componentes de su ordenador o en sus teléfonos móviles: Made in China. No se incomoden por ello, ya les dije que la esencia de un cuento chino es engañar.

Nuestras sociedades se han sofisticado hasta tal punto que el panem et circenses nos sabe a poco, no logra saciarnos. Por suerte, durante estos días tendremos chop suey y rollitos de primavera, y alguien nos explicará un ingenioso cuento chino. Lo uno vive a costa de lo otro, siempre ha sido así.